Justicia, Paz, Integridad<br /> de la Creación
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Un precursor de la lucha contra el acaparamiento de tierras

Newark 10.12.2017 Gian Paolo Pezzi, mccj Traducción de: www.jpic-jp.org

Henri Burin des Roziers. Fue un dominico francés; en Brasil le llamaban el abogado de los "sin tierra". Murió el domingo 26 de noviembre de 2017 a la edad de 87 años, en el convento Saint-Jacques de París. Le hubiera gustado estar en Brasil cuando "la muerte lo sorprendiera".

Nació en París en 1930, en una familia de la burguesía católica. Tenía 17 años cuando visitó familias de la clase trabajadora, en las afueras de París, con la Conferencia San Vicente de Paúl. En su familia eran cinco niños, pero allí descubre familias de siete u ocho niños viviendo con sus padres en estrechos tugurios. Esta experiencia lo saca de su comodidad: "Me llamó mucho la atención -confesó él más tarde- ¿Por qué yo tengo todas las ventajas, y ellos nada?

La guerra en Argelia (1954-1962), que él vivió como segundo teniente entre 1954 y 1956, contribuyó a abrir definitivamente su mente a la percepción de las injusticias. En 1957, mientras obtenía un doctorado en derecho, conoció al dominicano Congar. En Yves Congar descubrió la libertad de espíritu de un gran teólogo que infundiría en el pensamiento del Vaticano II la apertura hacia el mundo y el futuro. Es así que en 1958, se unió a los dominicos y fue ordenado sacerdote en 1963 en pleno Vaticano II. Inmediatamente se convierte en capellán de la Facultad de Derecho, en rue d'Assas, cuyos adoquines serán el arma de la revolución estudiantil de mayo del 68. En un libro de entrevistas, cuenta cómo, en esos días, no había dudado en esconder a los estudiantes buscados en el centro de Saint-Yves y, vestido como un sacerdote, llevarlos en su carro. Se hizo sacerdote obrero en Besançon y en 1970 en Annecy se ocupó de los inmigrantes tunecinos que, empleados en pequeñas fábricas, sufrían de racismo y de problemas de salud. En Annecy defiende ante los tribunales laborales a estos inmigrantes, se relaciona con los sin techo y sufre el rechazo de los políticos locales que no aprecian sus acciones. Luego se encuentra con la teología de la liberación y acepta ser enviado por su comunidad a Brasil, donde arriba en 1978.

Inmediatamente se pone al servicio de la Comisión Pastoral de la Tierra (CPT). Esta comisión, creada dos años antes por la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB), tiene la misión de apoyar la reforma agraria y a los campesinos en su lucha contra las injusticias. En el Amazonas, se convierte así en el defensor de los campesinos sin tierras y de la selva en contra de los grandes proyectos mineros.

Con el fin de la dictadura y la promesa de una reforma agraria, los sin tierra en Brasil depositan sus esperanzas en el Movimiento de los Sin Tierra (MST), pero los "fazendeiros", los grandes terratenientes, están dispuestos a hacer cualquier cosa para defender sus privilegios y así hay campesinos encarcelados y torturados por ocupar tierras sin cultivar. Con otros dominicos, Henri lucha por su liberación, explica que "quejarse" es superar el miedo a las represalias, acompaña a los campesinos a la policía federal, defiende a sus familias cuando los campesinos son asesinados. Su cabeza también es valorada por los "fazendeiros" y el Padre Henri debe protegerse de posibles "pistoleiros" y sicarios. En 2005 fue asesinada la monja estadounidense, Dorothy Stang. "Al momento de su asesinato, la cabeza de Dorothy valía 50.000 reales, la mía 100.000 reales. El gobernador del estado me impuso una protección. No podía negarme para no ser expulsado", escribió en su libro Comme une rage de justice (Cerf, 2016). Entonces vuelven a su memoria las palabras del teólogo de la liberación Tomas Balduino, quien se convertiría en uno de los fundadores de la Comisión Pastoral de la Tierra, que había escuchado en París: "Hoy, vivir el Evangelio cuesta mucho".

Graduado en derecho, teología y filosofía, el veía todas las implicaciones de la injusticia y se indignaba. En "su región", la Amazonía, "en 2010, hubo 207 conflictos de tierras, 18 asesinatos y 30 amenazas de muerte", denunció el padre Henry en una conferencia poco antes de su muerte.

Caballero de la legión de honor - recibió en 2005 un premio internacional de los derechos humanos -, el padre Henri acaba de unirse a la legión de los miembros de toda fe que, habiendo comprendido que la tierra es de Dios, lucharon para que sea administrada con justicia. Y "su vida estaba en perfecta armonía con sus ideas", dice su sobrina Aude Ragozin.

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