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Hay niñas que mueren por las mutilaciones genitales

New York 10.02.2020 Arielle C. Sanders Traducido por: Jpic-jp.org

El seis de febrero se celebró el Día Internacional de la Tolerancia Cero por la mutilación genital femenina (MGF). La Organización Mundial de la Salud define la mutilación genital femenina como “un conjunto de procedimientos que, de forma intencional y por motivos no médicos, alteran o lesionan los órganos genitales femeninos”.

Se divide la mutilación genital femenina en cuatro categorías diferentes según el tipo de procedimiento realizado: la eliminación parcial o completa del clítoris; la eliminación parcial o completa del clítoris y de los labios menores; el estrechamiento del orificio vaginal que se hace usualmente cosiendo juntos sus bordes; todos estos y otros procedimientos que tiendan a manipular el área genital femenino de las mujeres cosiendo sus partes.

Hay quienes fomentan esta práctica y por una variedad de razones. Por ejemplo, algunos creen que hará disminuir la libido de una mujer, asegurando así su virginidad y modestia hasta el matrimonio. Otros lo hacen creyendo que es una vergüenza no hacerlo y, por ende, tienen miedo a ser marginados en su comunidad por no continuar una práctica considerada como norma social. De cualquier manera, la mutilación genital femenina al fin y al cabo es dañina y tiene un alto costo tanto físico como de imagen para las mujeres jóvenes y las niñas.

Son 200 millones en el mundo, y más de medio millón en Europa, las jóvenes mujeres y niñas que han sido obligadas a pasar por este procedimiento. Una práctica antigua, que ha sido durante mucho tiempo tolerada por el Islam y el cristianismo, pero que es cada vez menos aceptada. La ONU ha incluido su abolición para el 2030 entre los objetivos de desarrollo sostenible. Las disposiciones legales pueden ser útiles en prohibir esta práctica y en detener a quienes la ejercen. De hecho, treinta países africanos han adoptado normas que castigan severamente a quienes siguen haciendo mutilaciones a las niñas. Sin embargo, la ley por sí sola no es suficiente. Solo un cambio cultural a través de una acción generalizada sobre el terreno y llevada a cabo por organizaciones internacionales como UNICEF conjuntamente con las comunidades locales y las organizaciones no gubernamentales, llegará a liberar el mundo de esta llaga inaceptable.  

En África, especialmente en el Cuerno de África (Somalia, Etiopía, Eritrea), esta práctica perjudicial es todavía una cosa seria, pero lo es también en el Oeste de África (Nigeria, Gambia, Guinea, Senegal, Malí) y en Egipto.

Desde África, ha llegado paulatinamente también a Europa y a América a través de la migración. En Europa, se estima que son 500 mil las mujeres y niñas que han pasado por ella. En Italia, son entre 46 y 57 mil. En muchos casos, para eludir la prohibición impuesta por la ley italiana (que prohibió expresamente la mutilación genital femenina en 2006), la infibulación, una de las categorías de la mutilación genital femenina, se realiza en los países de origen durante el verano o los largos periodos de vacaciones. Según un estudio realizado hace unos años, en Italia la comunidad más afectada es la nigeriana (35,5% del total), seguida de la egipcia (32,5%).

La lucha contra la MGF tiene, entonces, todavía un largo camino por recorrer, pero no hay como dar vuelta atrás. Thomas Sankara, el legendario presidente de Burkina Faso, decía: “La infibulación es un intento de dar a las mujeres un estado inferior, de marcarlas con un estigma que las devalúa. Es para ellas un signo que constantemente les recordará que ellas son solo ‘mujeres’, inferiores a los hombres y que no tienen derechos ni sobre sus cuerpos ni a su realización física o personal”.

Equality Now (Igualdad ahora), una organización que apunta a eliminar las desigualdades de géneros y amenazas como la MGF afirma que el riesgo para las jovencitas de subir las MGF existe en todos los continentes. No es un simple asunto geográfico o cultural. Es una violación global de los derechos de la mujer porque afecta profundamente su bienestar físico y psicológico. Después de la mutilación genital, el trastorno de estrés postraumático (TEPT), la ansiedad y la depresión son a menudo los efectos psicológicos que alteran toda su vida. Estos TEPT reducen directamente la calidad de vida de la mujer. La cicatrización en los genitales va más allá de su vida física. La mujer sufre durante toda la vida las graves repercusiones de su mutilación genital.

La MGF tiene también un impacto financiero sobre las economías; según la Organización Mundial de la Salud, “El tratamiento por complicaciones en la salud de la MGF en 27 países donde es de alta prevalencia cuesta 1,4 mil millones de dólares americanos cada año”. Numerosas son en efecto las complicaciones sanitarias que se dan luego de las MGF, incluyendo infecciones y problemas urinarios.

Hay organizaciones que luchan activamente y ofrecen una abundancia de recursos y de información sobre la MGF, entre ellas UNICEF, Equality Now, y la Organización Mundial de la Salud (OMS). Sin embargo, si se quiere erradicar la mutilación genital femenina, se necesita un esfuerzo mundial y hacer que las personas sean siempre mejor informadas sobre esta práctica, se difunda una mayor consciencia y aumente la ayuda a sus víctimas. Persona que viven con la MGF existen en todas partes del mundo y pueden compartir sus historias, esperando así que a algunas niñas se les evite el mismo dolor y suplicios por los que ellas tuvieron que pasar. Es de suma importancia, entonces, reunir información y escuchar a estas mujeres y niñas quienes, a pesar del pesado estigma que recae sobre quien ha sufrido este procedimiento, sean lo suficientemente valientes para compartir sus increíbles historias y continuar con su vida.

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Foto. Una mujer tiene en su mano la hoja de afeitar utilizada para la mutilación.                            

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