Justicia, Paz, Integridad<br /> de la Creación
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De bla, bla, bla a sangre, sangre, sangre

The Intercept 07.10.2022 Naomi Klein Traducido por: Jpic-jp.org

La 27ª sesión de la Conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático (COP 27) tendrá lugar en Sharm El-Sheikh (Egipto), del 6 al 18 de noviembre de 2022. Mientras el mundo se lamenta de la calamitosa devastación climática y humana en Pakistán, de la peor destrucción de los bosques amazónicos en décadas, de la negación de responsabilidades de muchas corporaciones que controlan los alimentos, las tierras y los recursos, a través de la "caza de carbono", la barnizada diplomacia verde de la ONU no logra ocultar la desconexión inmoral que se despliega ante nuestros ojos. La celebración de la cumbre COP27 en el Estado policial de Egipto crea una crisis moral para el movimiento climático. 

Mohammed Rafi Arefin, profesor adjunto de geografía en la Universidad de Columbia Británica, que ha investigado la política medioambiental urbana en Egipto, señala que "cada cumbre climática de la ONU se presenta con un complejo cálculo de costes y beneficios". En el lado negativo, está el carbono que se arroja a la atmósfera por los viajes de los delegados; el precio de dos semanas de hotel (muy caro para las organizaciones de base); así como la bonanza de relaciones públicas de la que disfruta el gobierno anfitrión, que invariablemente se posiciona como un campeón ecológico, sin importar las pruebas de lo contrario. Ya lo vimos cuando Polonia, país dependiente del carbón, fue el anfitrión en 2018, y también cuando Francia hizo lo mismo en 2015, a pesar de las plataformas petrolíferas de Total en todo el mundo.

Estos son los aspectos negativos de la tradicional cumbre anual sobre el clima. En el lado positivo del balance, está el hecho de que durante dos semanas en noviembre de cada año, la crisis climática es noticia mundial, proporcionando a menudo plataformas mediáticas para las poderosas voces en la primera línea de la alteración del clima, desde el Amazonas brasileño hasta Tuvalu. Otro punto a favor es la creación de redes y la solidaridad internacional que tiene lugar cuando los organizadores locales del país anfitrión organizan contra-cumbres y "giras tóxicas" para revelar la realidad que hay detrás de las posturas ecológicas de sus gobiernos. Por supuesto, también están los acuerdos que se negocian y los fondos que se prometen para los más pobres y los más afectados. Éstos no son vinculantes y, como dijo Greta Thunberg, gran parte de lo que se ha prometido y anunciado ha sido poco más que "bla, bla, bla".

Con la próxima cumbre del clima en Egipto, afirma Arefin, "el cálculo habitual cambia y la balanza se inclina". Están los eternos aspectos negativos (el carbono, el coste), pero además, el gobierno anfitrión -que tendrá la oportunidad de acicalarse ante el mundo- no es la típica democracia liberal de doble discurso, "Es el régimen más represivo de la historia del Estado egipcio moderno". Dirigido por el general Abdel Fattah el-Sisi, que se hizo con el poder en un golpe militar de 2013 (y se ha mantenido en él desde entonces mediante unas elecciones farsas), el régimen es, según las organizaciones de derechos humanos, uno de los más brutales y represivos del mundo.

Por supuesto, nunca se sabría por la forma en que Egipto se está promocionando antes de la cumbre. Un video promocional en el sitio web oficial de la COP27 da la bienvenida a los delegados a la "ciudad verde" de Sharm el-Sheik. Muestra a jóvenes actores -entre los que se encuentran hombres con barbas desaliñadas y collares que claramente pretenden parecer activistas medioambientales- disfrutando de bebidas con pajitas sin plástico y envases biodegradables para llevar, mientras se hacen selfies en la playa, se duchan al aire libre, aprenden a bucear y conducen vehículos eléctricos hasta el desierto para luego montar en camellos.

Esta cumbre va mucho más allá del lavado verde de un estado contaminante...

Al ver el vídeo, me di cuenta de que Sisi ha decidido utilizar la cumbre para escenificar un nuevo tipo de reality show, en el que los actores "interpretan" a activistas que se parecen notablemente a los activistas reales que están sufriendo bajo tortura en un archipiélago de prisiones en rápida expansión. Así que añádase esto al lado negativo del balance: Esta cumbre va mucho más allá del lavado verde de un estado contaminante; es el lavado verde de un estado policial.

Otro factor que se sitúa firmemente en el lado negativo del balance: A diferencia de las anteriores cumbres sobre el clima celebradas, por ejemplo, en Sudáfrica, Escocia, Dinamarca o Japón, las comunidades y organizaciones egipcias más afectadas por la contaminación ambiental y el aumento de las temperaturas no se encontrarán en ninguna parte en Sharm el-Sheikh. No habrá giras tóxicas, ni animadas contra-cumbres, en las que los lugareños puedan instruir a los delegados internacionales sobre la verdad que se esconde tras la fachada de relaciones públicas de su gobierno. Esto se debe a que la organización de eventos de este tipo llevaría a los egipcios a la cárcel, si no están ya allí, por difundir "noticias falsas" o por violar la prohibición de las protestas.

Los delegados internacionales ni siquiera pueden leer mucho sobre la contaminación y el expolio medioambiental actuales en Egipto antes de la cumbre en informes académicos o de ONGs, debido a una draconiana ley de 2019 que exige a los investigadores el permiso del gobierno antes de publicar información considerada "política". No sólo los presos están amordazados: Todo el país lo está, y cientos de sitios web están bloqueados, incluido el indispensable y perennemente acosado Mada Masr.

Human Rights Watch informa de que los grupos se han visto obligados a frenar y reducir sus investigaciones bajo estas nuevas restricciones, y "un destacado grupo ecologista egipcio disolvió su unidad de investigación porque le resultó imposible trabajar sobre el terreno". Resulta revelador que ni uno solo de los ecologistas que hablaron con Human Rights Watch (HRW) sobre la censura y la represión estuviera dispuesto a utilizar su nombre real por temor a graves represalias.

Arefin, que llevó a cabo una amplia investigación sobre los residuos y las inundaciones en las ciudades egipcias antes de esta última ronda de leyes de censura, me dijo que él y otros académicos y periodistas críticos "ya no pueden hacer ese trabajo. Hay el bloqueo sobre toda producción de conocimiento crítico básico. Los daños medioambientales de Egipto se producen ahora en la oscuridad". Y los que se saltan las normas e intentan encender las luces acaban en celdas oscuras, o algo peor.

La hermana de Alaa, Mona Seif, que lleva años presionando por la liberación de su hermano y de otros presos políticos, escribió recientemente en Twitter: "La realidad que la mayoría de los que participan en la Cop27 están decidiendo ignorar, es que en países como Egipto, los verdaderos aliados, a los que realmente les importa el futuro del planeta, son los que languidecen en las cárceles".

Así que se añade eso también al lado negativo: A diferencia de cualquier otra cumbre sobre el clima que se recuerde, ésta no tendrá auténticos actores locales. Habrá algunos egipcios en la cumbre que dicen representar a la "sociedad civil", y algunos de ellos lo hacen. El problema es que, por muy buenas intenciones que tengan, también son actores secundarios en el turístico reality show ecológico de Sisi; en una desviación de las normas habituales de la ONU, casi todos han sido investigados y aprobados por el gobierno. El mismo informe de HRW, publicado en meses pasados, explica que estos grupos han sido invitados a hablar sólo sobre temas "bienvenidos".

¿Qué es, para el régimen, bienvenido? "La recogida de basura, el reciclaje, la energía renovable, la seguridad alimentaria y la financiación por el clima", especialmente si esa financiación del clima llenará los bolsillos del régimen de Sisi, permitiéndole quizás poner algunos paneles solares en las 27 nuevas prisiones que ha construido desde que tomó el poder.

¿Qué temas no son bienvenidos? "Los temas ambientales más delicados, los que señalan el fracaso del gobierno en la protección de los derechos de las personas frente a los daños causados por los intereses corporativos, incluidos los temas relacionados con la seguridad del agua, la contaminación industrial y los daños ambientales causados por el sector inmobiliario, el desarrollo turístico y la agroindustria", según el informe de HRW. También es inoportuno: "el impacto medioambiental de la vasta y opaca actividad empresarial militar de Egipto, como las formas destructivas de las canteras, las plantas de embotellamiento de agua y algunas fábricas de cemento son especialmente sensibles, al igual que los proyectos de infraestructuras ‘nacionales’, como la nueva capital administrativa, muchos de los cuales están asociados a la oficina del presidente o al ejército". Definitivamente no se hable de la contaminación por plástico y el uso excesivo de agua de Coca-Cola, porque Coca-Cola es uno de los orgullosos patrocinadores oficiales de la cumbre.

¿La conclusión? Si quieres recoger basura, reciclar botellas viejas de Coca-Cola o pregonar el "hidrógeno verde", probablemente puedas conseguir una insignia para venir a Sharm el-Sheikh representando la forma más civil de la "sociedad civil". Pero si quieres hablar de los impactos sanitarios y climáticos de las plantas cementeras de carbón en Egipto, o de la pavimentación de algunos de los últimos espacios verdes de El Cairo, es más probable que recibas una visita de la policía secreta, o del distópico Ministerio de Solidaridad Social. Ah, y si, como egipcio, dices algo mordaz sobre la propia COP27, o pones en duda la credibilidad de Sisi para hablar en nombre de las poblaciones pobres y vulnerables al clima de África, dado el hambre y la desesperación cada vez mayores de su propio pueblo, a pesar de toda la ayuda norteamericana y europea, pues más vale que ya estés fuera del país. Hasta ahora, la celebración de la cumbre ha resultado ser una auténtica bonanza para Sisi, un hombre al que Donald Trump se refirió como "mi dictador favorito". Está la bonanza del turismo costero, que se desplomó en los últimos años, y el régimen espera claramente que sus vídeos de duchas al aire libre y paseos en camello inspiren más turistas. Esto es sólo el principio de la fiebre del oro verde. A finales del mes pasado, British International Investment, que cuenta con el respaldo del gobierno británico, anuncio con orgullo que estaba "invirtiendo 100 millones de dólares para apoyar a las nuevas empresas locales" en Egipto.

También es el propietario mayoritario de Globeleq, que antes de la COP27 ha anunciado un enorme acuerdo de 11.000 millones de dólares para desarrollar la producción de hidrógeno verde en Egipto. Al mismo tiempo, la Institución Financiera de Desarrollo del Reino Unido subrayó su "compromiso de reforzar su asociación con Egipto y aumentar la financiación climática para apoyar el crecimiento verde del país".

Este es el mismo gobierno que parece no haber movido apenas un dedo para conseguir la liberación de Alaa, a pesar de su ciudadanía británica y su huelga de hambre. Por su desgracia, el destino de Alaa estuvo durante meses en manos de una tal Liz Truss, que antes de convertirse en la espectacularmente insensible e inepta primera ministra de Gran Bretaña, fue la espectacularmente insensible e inepta secretaria de Asuntos Exteriores. Podría haber utilizado algunos de esos miles de millones en inversiones y ayuda al desarrollo para impulsar la liberación de su conciudadano, pero claramente tenía otras preocupaciones.

Los fracasos morales de Alemania son igualmente lamentables. Cuando la codirectora del Partido Verde, Annalena Baerbock, se convirtió en la primera mujer ministra de Asuntos Exteriores del país el pasado mes de diciembre, anunció una nueva "política exterior basada en valores", que daría prioridad a los derechos humanos y a las cuestiones climáticas. Alemania es uno de los principales donantes y socios comerciales de Egipto, por lo que, al igual que el Reino Unido, tiene ciertamente una carta que jugar. Pero, en lugar de presionar sobre los derechos humanos, Baerbock ha proporcionado a Sisi oportunidades propagandísticas inestimables, como la de copatrocinar con él el "Diálogo Climático de Petersberg", en el que el despiadado dictador pudo rebautizarse como líder verde.

Ahora que la dependencia de Alemania del gas ruso ha implosionado y explotado, Egipto se está posicionando con entusiasmo para proporcionar gas e hidrógeno de sustitución. Mientras tanto, el gigante alemán Siemens Mobility ha anunciado un contrato "histórico" de miles de millones de dólares para construir trenes de alta velocidad electrificados en todo Egipto.

Las inyecciones internacionales de dinero verde llegan justo a tiempo para el problemático régimen de Sisi. Gracias al tsunami de crisis mundiales (inflación, pandemia, escasez de alimentos, aumento de los precios de los combustibles, sequía, deuda), además de su mala gestión y corrupción sistémicas, Egipto está al borde del precipicio por el impago de su deuda externa, una situación volátil que bien podría desestabilizar el férreo gobierno de Sisi, del mismo modo que la última crisis financiera creó las condiciones que desbancaron a Mubarak. En este contexto, la cumbre sobre el clima no es una mera oportunidad de relaciones públicas, sino también un salvavidas ecológico.

Aunque se resisten a abandonar el proceso, la mayoría de los activistas climáticos serios reconocen que estas cumbres producen poco en cuanto a acciones climáticas basadas en la ciencia. Año tras año desde que comenzaron, las emisiones siguen aumentando. Entonces, ¿qué sentido tiene apoyar la cumbre de este año cuando lo único que se va por cierto a conseguir es afianzar y enriquecer aún más un régimen que, según cualquier criterio ético, merece el estatus de paria? Como pregunta Arefin, "¿en qué momento decimos 'basta'?".

Ver, From Blah, Blah, Blah to Blood, Blood, Blood

Photo: An aerial view of a flooded residential area in Dera Allah Yar after heavy monsoon rains in Jaffarabad district, Balochistan province in Pakistan on Aug. 30, 2022.© Fida Hussain/AFP via Getty Images

 

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Los comentarios de nuestros lectores (1)

Margaret Henderson 15.11.2022 Thank you, for the article on COP 27 in Egypt. Pretty shocking. It makes me appreciate more the way COP26 in Glasgow was conducted as there was lots of opportunity for public dissent. As often, the statistics in the articles make a huge impact - Africa contributing only 3% of the world’s CO2 emissions and yet is suffering disproportionately badly from the effects of climate change, 50m people living in slavery. I’ll never forget the asylum seekers I’ve met in Glasgow who have escaped from a background of slavery.