Justicia, Paz, Integridad<br /> de la Creación
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Ni sectas ni ideologías, sino la paciencia del desear

Butembo 01.01.2026 Jpic-jp.org Traducido por: Jpic-jp.org

Andrés Trapiello (León, España, 1953) cuenta que en la vida ha tenido una enorme suerte: «Me han echado de todos aquellos sitios de los que hubiera tenido que irme». Es el inicio de una entrevista entre lo irónico y lo escéptico, publicada en Ethic. A la pregunta: «En las sociedades seculares, ¿las ideologías se han convertido en las religiones modernas?», contesta con desencanto: «Yo no les daría ni categoría de religión. Las ideologías son las nuevas sectas».

Estas sectas se «han dado una especie de envoltorio de ideología» —continúa Trapiello— que no es nada más que «un sentimiento, un impulso, una intuición. Una religión es una especie de sentimiento ante lo inefable, la eternidad, la finitud del hombre, y estas ideologías son algo parecido, pero ante una especie de paraíso en la tierra que tratarán de conseguir con diferentes postulados —la política, la ecología, el feminismo, Gaza— y van cambiando constantemente para no romper lo más importante en la secta, que no es tanto el sentimiento como la cohesión entre los sectarios. La pertenencia a un grupo les hace fuertes».

Si pasamos a visitar internet con la ayuda de Google, de ChatGPT o incluso de Google Gemini, constatamos la verdad asombrosa de esta afirmación: las ideologías son sectas, cuya consistencia no se fundamenta en la ciencia, el conocimiento o la búsqueda de la verdad, sino en la «pertenencia». «La hegemonía cultural - continua Trapiello - es la que hace que muchos de izquierdas sean supremacistas culturalmente. Alguien de izquierda entiende que, por el hecho de ser de izquierdas, ama más la cultura que uno de derechas y que ha leído más». Y, sin embargo, esta «hegemonía cultural», tanto de izquierda como de derecha, no es más que pura pertenencia a una secta ideológica.

Con la consecuencia que, al hablar de Gaza-Israel, de antifascismo-islamofobia, la categoría de «pertenencia» se antepone a la realidad, a los mismos interesados y todo lo ahoga.

En esta edición de nuestra Newsletter, al empezar un año nuevo, queremos dejar de lado el formato habitual y, a riesgo de proponer una amalgama desordenada, reportar diferentes opiniones sobre temas calientes y de actualidad sin que esto implique estar de acuerdo con ellas en parte o en todo. Humildemente, por estar sin soporte ni económico ni político, nos importa destacar que, en todo, nos sostiene la esperanza, lo que Paola Mastrocola llama La pazienza del desiderio - la paciencia del desear. Su artículo se enfoca sobre los jóvenes. Sin embargo, ilumina un camino a seguir a lo largo de toda la vida también en la esfera pública; por lo que lo reproducimos adaptándolo ya que la “esperanza” en la “espera” es algo que hoy hace muy falta.

La esperanza es deseo.

La esperanza es creer, es tener confianza en que se cumpla algo que deseamos. Desiderio viene de de sidera, estar bajo las estrellas y sentir su distancia, padecer su lejanía. Era una palabra de los augures, que sin estrellas no podían ver y, por tanto, predecir el futuro. La esperanza es, pues, ante todo un gesto contemplativo e interior. En la oscuridad de la noche, contemplar las estrellas y encontrar en uno mismo la confianza de que aquello que nos falta (lo que deseamos) se cumpla, es decir, se haga realidad, suceda, acontezca. También avenir es una palabra bellísima: viene de ad-venio e indica lo que viene hacia nosotros. Es el encuentro. Aventura tiene la misma etimología. El caballero medieval que va a la aventura parte no tanto para ir al encuentro, sino para que algo venga a su encuentro.

Eso es. Estar bajo las estrellas. Desear-esperar que algo, o alguien, avance hacia nosotros. Y, añadiría, que nos sorprenda. Esto es lo que deberíamos decir a los jóvenes y a todos los que se angustian por el futuro: que se coloquen en una actitud de espera confiada, que esperen un encuentro, y que ese encuentro provoque en ellos la sorpresa, el asombro.

La Esperanza, eje de la vida y de la política

Alegra al saber que el Papa León, en su Carta apostólica, ha elegido precisamente la «esperanza» como palabra central para la educación de los jóvenes. Sin embargo, la esperanza no debe ser solo un pilar en la educación de los jóvenes; debe ser la brújula de toda la comunidad y el motor de la acción política y social. La esperanza tiene que ver con el futuro. Cuando se dice que la juventud se siente sin futuro, esto refleja también el malestar de toda una sociedad que se niega a verse en un futuro común. Una comunidad que no ve el futuro y no se proyecta políticamente es una comunidad triste, sin luz y condenada al estancamiento.

Paul Nizan comenzaba su Aden Arabia así: «Tenía veinte años. No permitiré que nadie diga que esta es la edad más hermosa de la vida». Nunca ha sido fácil ser joven, como hoy no es fácil existir a cualquier edad. La juventud es la edad de la incompletitud, donde no está claro quiénes somos ni adónde vamos, y donde, por tanto, estamos más expuestos a la inseguridad y los condicionamientos externos. Hoy el futuro (¡y también el presente!) da miedo, y el miedo es el peor enemigo de la esperanza. Nos reviene a todos no amplificar el problema de la fragilidad de los jóvenes y de la sociedad, sino cultivar la resiliencia en todos, ya sean jóvenes o adultos. En el ámbito público y privado, acompañémonos y guiémonos, para que cada persona y cada iniciativa legítima encuentre la fuerza de darse a pesar de las adversidades políticas y sociales. La reflexión y la necesaria cautela en nuestras intervenciones debe evita las palabras vacías. Lo dice un proverbio swahili: Heri kujikwaa kidole kuliko ulimi - Mejor tropezarse con el dedo que con la lengua.

La Esperanza, imaginación política y social

Esperar no es un sentimiento que se pueda imponer ni enseñar. Es, sin embargo, una disposición del ánimo que se puede cultivar, con el pensamiento, con la imaginación. La esperanza es una forma altísima de imaginación. Cuando esperamos, somos como el artista que está modelando en su mente una obra que aún no existe, que no está dicho que existirá, pero que podría existir. Este verbo, podría, es vital: es dar posibilidad a la vida, creer en un diseño. Para la fe, este es el Diseño de Dios; para la esfera pública, es el Proyecto de sociedad justa y fraterna que estamos llamados a modelar. Debemos creer en ese diseño, es decir, en un futuro. No se puede esperar sin tener una idea de futuro. La esperanza es un movimiento hacia adelante. No es el optimismo obtuso de quien dice «todo irá bien». A veces las cosas no van bien en absoluto. Y el mal existe, en las guerras, en la corrupción y en las injusticias. Nuestra tarea como comunidad y como actores políticos es apuntar a lo que no es mal: como decía Calvino, «buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar, y darle espacio».

La vida interior, servicio a la Polis

El infierno de las guerras, la violencia, las injusticias, la tiranía de las redes sociales, el conformismo y la inteligencia artificial, está a nuestro alrededor, así como todas esas ideologías que se hacen sectas. Los seres humanos tenemos un alma y debemos defenderla: necesitamos el arte para vivir, el arte nutre nuestra vida interior, cantar versos, tocar cítara. El Papa lo recuerda: «Ningún algoritmo podrá sustituir lo que hace humana la educación: poesía, ironía, amor, arte, imaginación». Es esencial cultivar la vida interior en la juventud y a todas las edades. No tener prisa en buscar respuestas inmediatas, sino abrazar un tiempo largo, una paciencia (que es el arte de «soportar») necesaria para la construcción personal y social.

El proverbio africano dice: Haba na haba hujaza kibaba Es poco a poco que se alcanza la medida. La esperanza, en la esfera pública como privada, se construye con la paciente constancia de las pequeñas acciones, de la escucha de las diversas opiniones hasta de las que son contradictorias y contrarias: es lo esencial del diálogo interior y público.

Su propia vida interior es la manera paciente de estar bajo las estrellas. Sumergirse en una auto educación continua, no tener miedo de invertir tiempo y energía en la cultura, en la reflexión y el conocimiento. El tiempo libre es un privilegio que nos regala la posibilidad de estar preparados para afrontar las incumbencias prácticas, los deberes burocráticos y los problemas económicos de la esfera pública, sin ser devorados por ellos sino afrontarlos con sabiduría compartiendo con los demás. Es la base para la acción política y social, que consiste en imaginar otro mundo posible. Viene a la mente Ernst Bloch, El principio esperanza: esperar significa no aceptar pasivamente la realidad tal como es, sino construir utopías concretas, posibles y justas para sí mismo y la Polis.

Mira, La pazienza del desiderio (La paciencia del desear).

 

 

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Los comentarios de nuestros lectores (2)

Bernard Farine 30.12.2025 J'aime beaucoup. Dans l'action sociale, qui a été et qui est encore au cœur de ma vie par les actions que je soutiens encore auprès des adolescentes mamans et isolées, j'essaie de maintenir l'ambition, que l'on soit croyant ou non, d'accéder et de permettre d'accéder à une vie spirituelle, à une vie de l'esprit qui rejoint en grande partie la patience du désir. Faire accéder au désir, c'est aller beaucoup plus loin que satisfaire un besoin, cela fait entrer dans une autre dimension, accéder à une transcendance, qu'elle soit laïque ou religieuse. C'est le vrai défi de l'éducation et de l'accompagnement des personnes.
Paul Attard 30.12.2025 Interesting. Hope, yes, is a key ingredient for life. The author seems to have expanded on Hebrews 11 & also St Paul.