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Una esperanza para el Congo: Beato Floribert Bwana Chui

Settimananews.it 16.06.2025 Yanick Nzanzu Maliro Traducido por: Jpic-jp.org

Después del Beato Isidoro Bakanja, mártir de la fe a principios del siglo XX; la Beata Anuarite Nengapeta, religiosa asesinada por su fidelidad a Cristo; y el Beato Albert Joubert con sus compañeros, la Iglesia congoleña ha visto ahora el reconocimiento del Beato Floribert Bwana Chui, un valiente joven laico asesinado en 2007 por rechazar la corrupción.

 

La misa de su beatificación se celebró el domingo 15 de junio de 2024 en la Basílica de San Pablo Extramuros, en Roma, presidida por el cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos. Tanto en Roma como en la República Democrática del Congo, esta noticia ha sido recibida con alegría, acción de gracias y, sobre todo, orgullo. Ver a uno de los nuestros elevado a esta dignidad es, de hecho, motivo de orgullo, pero también un desafío.

Un santo de nuestro tiempo

Nacido en 1981 en Goma, en el este de la República Democrática del Congo, Floribert trabajaba como funcionario en la Oficina Congoleña de Control (OCC), donde se encargaba de inspeccionar mercancías importadas, especialmente productos alimenticios. En julio de 2007, rechazó con valentía permitir la entrada de cargamentos en mal estado, que iban a poner en riesgo la salud pública, a pesar de amenazas e intentos de soborno. Pocos días después, el 7 de julio de 2007, fue secuestrado, torturado y asesinado en Goma, a la edad de 26 años. Entregó su vida por fidelidad a su fe y a su conciencia, prefiriendo la muerte antes que la complicidad.

Su testimonio, potente y actual, recuerda que la santidad no está reservada a tiempos antiguos ni únicamente a religiosas, sacerdotes u obispos. En Floribert, la Iglesia universal presenta la figura de un joven laico comprometido en la sociedad y fiel al Evangelio hasta el final. Su beatificación, aprobada por el papa Francisco en 2024, confirma la fecundidad del martirio cristiano en tierras congoleñas.

Una juventud que da lección a un mundo corrupto

El contexto es el de un país corrompido en todos los niveles. La corrupción está prácticamente en todas partes. Aunque sean los políticos quienes se ven primero, este flagelo se ha arraigado profundamente en todos los ámbitos de la vida en la República Democrática del Congo.

Encontrar a alguien como Floribert Bwana Chui es, hay que decirlo, una sorpresa que demuestra que se puede permanecer íntegro en medio de un entorno malsano y tóxico. Naturalmente, se trata de ir contra corriente. Su martirio es una interpelación para todos y un llamado vibrante a la honestidad y a la integridad. Los cristianos, en nombre de su fe, ¿no deberían acaso marcar la diferencia? Ellos son precisamente la levadura que debe hacer fermentar la masa. No deben perder su esencia.

Y cuando ese testimonio proviene de un joven de 26 años, el eco se amplifica. Quizá Bwana Chui comprendía bien estas palabras de San Pablo a Timoteo: «Que nadie menosprecie tu juventud; al contrario, sé ejemplo para los creyentes en palabra, conducta, amor, fe y pureza» (1 Tim 4, 12).

Concluyo que la juventud tiene la fuerza para influir en este mundo, que puede cambiar el rumbo de los acontecimientos. De hecho, Bwana Chui es el símbolo de esa juventud que debe decir “no” a los antivalores, esa juventud decidida a afrontar desafíos y levantar lo que los mayores dejaron caer. Bwana Chui recuerda que el mal del Congo no debe tomarse a la ligera. Es tan profundo y está tan sistemáticamente sostenido por “estructuras de pecado” que hace falta un despertar y un gran valor para decir: “¡Ya basta!”.

Morir por los demás como Jesús

«Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos» (Jn 15, 13). Hasta ese punto llevó Jesús la medida del amor. Amar hasta el final es aceptar todo con tal de no traicionar.

Bwana Chui lo comprendía bien. Estaba convencido de que nada es más grande que los valores y, por lo tanto, hay que aceptar todo para preservarlos. Amó tanto a sus hermanos y hermanas congoleños que no podía aceptar ponerlos en peligro. Su sacrificio salvó miles de vidas; su muerte dio vida.

Bwana Chui nos recuerda que este mundo será mejor si todos aceptamos todo por el bien de los demás, si todos estamos dispuestos a pagar el precio de nuestros compromisos. Este mundo necesita testigos así, y Bwana Chui es ahora el primero de estos héroes. Que su testimonio fortalezca a quienes se sienten desfallecer. Habiendo crecido en la guerra, que él interceda por la paz en su ciudad, su país, su continente y en todo el mundo.

Véase, Bienheureux Floribert Bwana Chui : Une vie donnée pour sauver la vie

 

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