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El papel de África en la guerra en Ucrania

Rivista Nigrizia 24.02.2026 Brando Ricci Traducido por: Jpic-jp.org

Cuatro años después del inicio de la invasión rusa, balance de la situación. Desde el impacto en la inseguridad alimentaria hasta las alianzas políticas y militares, pasando por los intentos de paz.

La invasión rusa de Ucrania ha afectado de manera muy directa a África y a sus habitantes, y de múltiples formas. Desde los miles de ciudadanos de países africanos que han ido a combatir al frente en Europa oriental, a menudo engañados, hasta los millones de residentes del continente que han visto empeorar su seguridad alimentaria debido a las consecuencias globales del conflicto.

Las repercusiones políticas de la guerra en Ucrania también han sido significativas y continúan siéndolo. Si bien la creciente influencia rusa ha desempeñado sin duda un papel en la configuración de la posición de muchos países del continente frente a lo que ocurre en el frente, no deben subestimarse los esfuerzos de Kiev por ampliar su capacidad de influencia en la región.

En filigrana emerge una centralidad del continente en la escena internacional cada vez más evidente, incluso en relación con un conflicto situado a miles de kilómetros de distancia.

24 de febrero de 2022

El análisis del impacto en África de la invasión rusa de Ucrania resulta necesario en el cuarto aniversario del inicio del conflicto. Desde el 24 de febrero de 2022 hasta hoy, miles de civiles han perdido la vida, en su gran mayoría en Ucrania: alrededor de 15.000 según una estimación de las Naciones Unidas considerada conservadora por sus propios autores.

En cambio, son cientos de miles los soldados de ambos bandos que han muerto en las hostilidades. Las personas desplazadas internas en Ucrania superan los 3,5 millones, mientras que casi seis millones son refugiados en el extranjero.

La guerra ha provocado la devastación de infraestructuras civiles clave para el país y ha causado daños estimados en unos 200.000 millones de dólares, según evaluaciones del Banco Mundial, la ONU, la Unión Europea y el gobierno de Kiev.

Tras cuatro años, Moscú está lejos de haber sometido completamente el territorio ucraniano y, según estimaciones coincidentes, controla aproximadamente una quinta parte del mismo, concentrándose en la región oriental del Donbás y en Crimea. Es decir, ha consolidado su presencia en territorios cuya ocupación parcial o anexión ya había comenzado en 2014, año en que se iniciaron las tensiones que desembocaron en la invasión de 2022.

Un conflicto alimentario

El impacto de cuatro años de guerra en África ha sido significativo. Para comprender su magnitud, basta recordar que Rusia y Ucrania se encuentran entre los mayores exportadores mundiales de trigo, maíz, aceites vegetales y fertilizantes, es decir, elementos esenciales para la alimentación de gran parte de la población mundial y africana.

Antes del estallido de la guerra, ambos países suministraban conjuntamente alrededor del 40 % del trigo importado por África, con un impacto enorme en países como Egipto, Sudán, Benín, Kenia, Madagascar o la República del Congo.

La guerra ha afectado gravemente a las cadenas globales de suministro de estas materias primas por diversas razones, entre ellas los bloqueos impuestos en distintas fases a los puertos ucranianos del mar Negro, desde donde salía la gran mayoría de estos productos, los graves daños al sector agrícola ucraniano y las consecuencias de las sanciones sobre las exportaciones rusas.

Diversas iniciativas han permitido reanudar la comercialización de trigo y fertilizantes, desde la Black Sea Grain Initiative —abandonada por Rusia en julio de 2023— hasta la Grain from Ukraine Initiative impulsada por Kiev y aún en curso.

Sin embargo, según una estimación publicada en la revista especializada Nature, en África el coste de los alimentos aumentó entre un 60 % y un 100 % entre 2021 y 2023, contribuyendo al aumento de la malnutrición en millones de personas, hasta superar los 100 millones en 2023.

En la línea del frente

La guerra ha golpeado a África de manera aún más directa. Como ha contado recientemente también Nigrizia, son miles los ciudadanos del continente que han ido a combatir en las filas del ejército ruso. Una cifra precisa fue proporcionada en las últimas semanas por All Eyes On Wagner, una organización franco-suiza formada por periodistas y expertos en inteligencia que recibe apoyo financiero de la Open Society Foundation.

Un informe de esta asociación cuantifica en 1.417 personas, procedentes de 35 países, el número de ciudadanos africanos que han sido desplegados por Moscú en el frente ucraniano. Más de 300 procederían de Egipto. De estos cientos de personas, algunos se habrían alistado voluntariamente, atraídos por los salarios, mientras que otros habrían sido engañados con falsos anuncios de trabajo.

Otra investigación de un analista del Instituto Francés de Relaciones Internacionales (IFRI), Thierry Virculone, ha indicado que el número de posibles africanos enviados al frente ucraniano supera los 3.000. Las revelaciones de All Eyes on Wagner encuentran varias confirmaciones.

A partir de una reciente investigación de las autoridades kenianas que reveló una red de reclutadores coordinada por dos oscuras agencias que operaban en el país. Un esquema similar también salió a la luz en Sudáfrica.

Todo comenzó el pasado noviembre, cuando 17 ciudadanos del país enviaron un mensaje de ayuda al presidente Cyril Ramaphosa desde Rusia, quejándose de haber sido reclutados en el ejército mediante engaños.

Las investigaciones que siguieron al llamamiento llevaron a la dimisión de la diputada Duduzile Zuma-Sambudla, hija del expresidente Jacob Zuma, históricamente muy cercano a Moscú. La parlamentaria fue acusada de ser la mente detrás del sistema de reclutamiento.

Hoy Ramaphosa ha agradecido a su homólogo Vladimir Putin por haber contribuido al regreso al país de los primeros 4 ciudadanos sudafricanos, seguidos en los últimos días por otros 11, mientras que 2 permanecen todavía en el país.

En los últimos meses, otras investigaciones periodísticas de medios occidentales también han arrojado luz sobre operaciones similares. Una investigación de la agencia estadounidense Associated Press también reveló la existencia de una fábrica de drones donde trabajan hasta 200 mujeres procedentes de países africanos, también contratadas con la falsa promesa de participar en un programa de estudio y trabajo.

Un viejo amigo

La invasión rusa de Ucrania encuentra además en África una salida política natural. Natural porque la influencia rusa en África fue importante durante los años de la Guerra Fría y ha vuelto a intensificarse en los últimos quince años, tras un período de retroceso debido al colapso de la Unión Soviética.

Moscú quiere ampliar su área de influencia en África y está aún más decidida a hacerlo desde la anexión de Crimea en 2014 y el consiguiente aislamiento progresivo por parte de la comunidad internacional occidental.

Las relaciones con los países africanos se basan en una cooperación sin condiciones en materia de derechos humanos y democracia, lo que encuentra el favor de gobiernos a menudo acusados de políticas despóticas o de violaciones del Estado de derecho.

El Kremlin también tiene relativa facilidad en el continente por una serie de razones históricas. En sus relaciones con África, Rusia puede destacar la ausencia de un pasado colonial. Al contrario, Moscú puede presumir del apoyo prestado a varios movimientos de liberación durante la Guerra Fría. Este elemento es importante si se tiene en cuenta que numerosos países africanos siguen gobernados por partidos que protagonizaron aquellas luchas contra las potencias coloniales.

Aunque estas formaciones se han liberado en gran medida de los antiguos esquemas político-económicos de la época de la confrontación entre Estados Unidos y la URSS, para Moscú sigue siendo mucho más fácil encontrar élites favorables que para otros actores, sin duda más fácil que para París. No es casualidad que gran parte de la expansión de la influencia rusa en el Sahel y en África central, especialmente en los países que forman la Alianza de los Estados del Sahel (Malí, Níger y Burkina Faso) y en la República Centroafricana, se haya producido en detrimento de Francia.

El país europeo es acusado de querer seguir imponiendo un control de tipo neocolonial y de haber sido ineficaz —si no perjudicial— en su política de lucha contra los grupos terroristas y armados.

Moscú es además el principal proveedor del continente de algunos alimentos básicos y fertilizantes, como ya se ha mencionado, pero también de armas, según datos del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI).

A todo esto, se añade una presencia militar determinante, iniciada hace unos diez años con el Grupo Wagner, una organización de contratistas privados estrechamente vinculada al Kremlin. Esta presencia ha evolucionado ahora con la creación del Africa Corps, que en realidad es el nombre bajo el cual Wagner fue asumido por el Ministerio de Defensa ruso en 2024.

Votos y encuentros

Comprendido este marco, resulta más fácil entender la posición política que muchos países africanos han adoptado tras el inicio de la invasión de Ucrania. A esto hay que añadir otro elemento: la desconfianza generalizada en África hacia la OTAN, desarrollada de manera decisiva tras la ofensiva contra Libia en 2011.

Una intervención que superó los límites del mandato autorizado por el Consejo de Seguridad, convirtiéndose en una operación abierta de cambio de régimen contra el entonces presidente Muamar Gadafi, una de las figuras políticas africanas más influyentes desde la Segunda Guerra Mundial.

Según varios analistas, la expansión de la Alianza Atlántica cada vez más hacia el este contribuyó al estallido de la guerra, al hacer que Moscú se sintiera rodeada. Esta interpretación es muy discutida, pero puede haber encontrado terreno fértil en una región donde las verdaderas intenciones de la OTAN se cuestionan más que en otros lugares.

Dicho esto, también hay que señalar que la posición africana respecto al conflicto ucraniano no ha sido en absoluto homogénea. Sin embargo, existe la tendencia a analizar la contribución de África a la política internacional como si fuera un bloque único. Al hacerlo, no aparece la condena casi unánime de la invasión rusa que sí caracterizó la respuesta de gran parte de la comunidad internacional occidental.

Desde 2022, la Asamblea General de la ONU ha votado cinco resoluciones sobre la guerra. El número de países que votaron posiciones favorables a Ucrania fue mayoritario la mayoría de las veces, pero siempre se registró un alto número de abstenciones.

En al menos un caso, cuando se votó la exclusión de Moscú del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, 24 países africanos se abstuvieron, 9 votaron en contra y solo 10 a favor. Incluso el último documento de la Asamblea General, votado hace exactamente un año, registró más abstenciones que votos favorables. La resolución presentaba un plan de paz propuesto por Estados Unidos, pero fue modificada a iniciativa de la Unión Europea. Tras la enmienda, el lenguaje de condena contra la invasión rusa se volvió mucho más firme.

Más allá de las votaciones en la ONU, en los últimos cuatro años varios líderes africanos han viajado a Rusia —el último fue el presidente malgache, el general Michel Randrianirina— mientras que el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, ha visitado África en varias ocasiones (no así Putin, sobre quien pesa una orden de arresto de la Corte Penal Internacional).

Países políticamente relevantes como Sudáfrica no han tenido problemas en realizar ejercicios militares conjuntos con Moscú. El último se celebró recientemente, mientras que otro anterior tuvo lugar durante el segundo aniversario del inicio de la invasión, en una coyuntura considerada incluso abiertamente provocadora.

Las contramedidas de Kiev

Si la presencia rusa está consolidada, Kiev también ha intentado ampliar su red de relaciones en África tras el estallido de la guerra. Una reacción que pone de manifiesto la creciente centralidad del continente en el escenario internacional.

Pocos meses después del inicio del conflicto, Ucrania nombró un enviado especial para el continente. En los últimos cuatro años, Kiev ha abierto siete embajadas en África, mientras que los dos ministros de Asuntos Exteriores que se han sucedido desde el inicio de la guerra han visitado 17 países africanos desde 2022 hasta hoy. El presidente Volodímir Zelenski también viajó a Sudáfrica el año pasado.

A todo este compromiso se suman los beneficios de la ya mencionada iniciativa de exportación de grano.

Ucrania también ha tratado de contrarrestar la supremacía rusa en el ámbito de la comunicación, lanzando su propia estrategia. Moscú puede contar con varios medios de alcance internacional —aunque algunos se han debilitado por las sanciones— y con una densa y poderosa red de contra-información y desinformación dirigida, como han documentado diversas investigaciones periodísticas.

Los casos de Malí y Sudán

El enfrentamiento entre Kiev y Moscú en África podría haber ido más allá de las palabras y las operaciones de inteligencia en al menos dos ocasiones. En julio de 2024, las autoridades de Malí acusaron a Ucrania de haber proporcionado información clave a un grupo separatista tuareg que posteriormente mató a decenas de contratistas rusos en un ataque.

Las acusaciones fueron inicialmente confirmadas por una declaración de un responsable de la inteligencia militar ucraniana, Andriy Yusov. Sin embargo, Kiev negó posteriormente haber colaborado con los rebeldes.

También en Sudán, las fuerzas especiales ucranianas habrían intervenido en la guerra en curso en el país desde abril de 2023 con el objetivo de contrarrestar la presencia de mercenarios rusos. Las revelaciones procedieron de medios de Kiev que citaban fuentes de inteligencia y luego fueron confirmadas por la prensa internacional. No obstante, también en este caso la implicación ucraniana no puede darse por segura debido a la falta de confirmación definitiva.

La delegación de paz

Durante estos cuatro años también apareció en la escena una iniciativa de paz liderada por la Unión Africana (UA), lo que confirma una vez más la complejidad de la implicación del continente. La UA intervino por iniciativa de la Brazzaville Foundation, una ONG africana para la paz con sede en Londres.

Su intervención consistió en una propuesta de desescalada en diez puntos que fue presentada en Ucrania y en Rusia durante una misión oficial a ambos países por parte de siete presidentes africanos, entre ellos Ramaphosa y el entonces presidente en ejercicio de la organización y presidente de Senegal, Macky Sall. El viaje de la delegación tuvo lugar en junio de 2023.

El impulso africano no produjo resultados concretos y de hecho generó escepticismo desde el principio, tanto por la posición considerada ambigua de algunos países, Sudáfrica en primer lugar, como por la multiplicación de conflictos que afectan en primer lugar al propio continente africano.

No obstante, se trató de una primera ocasión histórica en la que una delegación africana fue recibida como mediadora. Lo habitual es más bien lo contrario, es decir, líderes africanos que reciben misiones de negociadores extranjeros que intentan resolver conflictos en territorio africano.

Foto. El presidente ucranio Zelensky. (De su perfil Flickr)

 

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