Los responsables de las confesiones y tradiciones religiosas presentes en Italia y participantes en la Mesa Nacional de Diálogo Interreligioso han suscrito nueve compromisos y nueve acciones. El presidente de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI), el cardenal Matteo Zuppi, afirma: «El diálogo fortalece la identidad de cada uno». Reedición de www.jpic-jp.org
Sentados unos junto a otros estaban católicos, hindúes, budistas, judíos, ortodoxos y musulmanes. En el centro, ocupando el lugar de honor, un documento firmado por todos que, en este momento histórico marcado por divisiones y conflictos, adquiere un significado de gran alcance al encontrar su fuerza en la convergencia unánime hacia el diálogo y la cohesión social. Se trata del Pacto, firmado el 25 de junio de 2026 por los responsables de las confesiones y tradiciones religiosas presentes en Italia y participantes en la Mesa Nacional de Diálogo Interreligioso.
La ceremonia tuvo lugar en el Auditorio del Museo del Ara Pacis, un lugar elegido deliberadamente por su valor simbólico. Se trata de uno de los monumentos más importantes de la antigua Roma, inaugurado en el año 9 a. C. y construido por voluntad del emperador Augusto como símbolo de la paz recuperada tras las campañas militares en Hispania y la Galia. Un lugar donde, como reflexionó el presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, el cardenal Matteo Zuppi, «se celebraba la paz obtenida por la fuerza, pero sobre la cual se fundó el derecho. En estos tiempos en que los términos se han invertido y se habla del “derecho de la fuerza” en lugar de la “fuerza del derecho”, estar aquí nos ayuda a afrontar las diferencias transformándolas en una riqueza».
El documento, que da carácter oficial a la experiencia El camino italiano del diálogo. Las religiones en el espacio público y para la cohesión social, comprende un preámbulo, nueve compromisos y nueve acciones. Entre estas figuran la institución de un Día Nacional del Diálogo Interreligioso, la promoción de proyectos compartidos de educación para la paz y la ciudadanía, la lucha contra los discursos de odio, la valorización del papel de la mujer en las distintas tradiciones religiosas y la creación de espacios permanentes de encuentro entre las comunidades.
La palabra que aparece con mayor frecuencia en el documento es diálogo, que, según volvió a destacar el cardenal Zuppi, «nos hace a todos más fuertes y más conscientes de quiénes somos». Y añadió: «Sería un grave error pensar que la identidad consiste en hablar por encima de los demás. El diálogo fortalece la identidad de cada uno». Según el presidente de los obispos italianos, el odio y los prejuicios solo pueden superarse mediante un conocimiento mutuo que transforme la diversidad, de motivo de conflicto, en una oportunidad de crecimiento compartido.
El Pacto se inscribe en la larga tradición de diálogo promovida por la Iglesia católica después del Concilio Vaticano II. La declaración Nostra Aetate recuerda, en efecto, que la Iglesia «no rechaza nada de lo que hay de verdadero y santo» en las demás religiones e invita a los creyentes a promover «el mutuo conocimiento y la estima» mediante el diálogo y la colaboración. Una perspectiva que, en las últimas décadas, ha sido desarrollada aún más por los pontífices, desde san Juan Pablo II hasta el papa Francisco y el papa León XIV, convencidos de que la fe auténtica no alimenta el enfrentamiento, sino que se convierte en fuente de fraternidad y de paz.
No menos significativa resulta la sintonía con el Documento sobre la Fraternidad Humana, firmado en Abu Dabi en 2019, donde se afirma que «el diálogo, la comprensión y la difusión de la cultura de la tolerancia, de la aceptación del otro y de la convivencia pacífica contribuyen de manera decisiva a reducir muchos problemas». El Pacto de Roma traduce este principio en un compromiso concreto para la sociedad italiana, señalando un camino basado no en declaraciones abstractas, sino en iniciativas compartidas y verificables.
El texto firmado es fruto de un proceso iniciado en 2023, en el que también participaron jóvenes delegados de las distintas comunidades religiosas. Pina De Simone, consultora del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso, lo definió como «un Pacto de profundo alcance humanizador, una valiente asunción de responsabilidad y un documento que debe hacerse realidad en cada comunidad».
Tras la firma intervinieron los quince líderes religiosos, quienes coincidieron en reconocer que el camino del diálogo no es el más fácil, pero sí el único capaz de construir una convivencia estable. Todos reiteraron que el diálogo auténtico no empobrece la identidad de las distintas confesiones religiosas; por el contrario, la hace más madura y contribuye al crecimiento de una sociedad más cohesionada y fraterna. Las diferencias, subrayaron, pueden convertirse en puentes, y las religiones, en un valioso recurso al servicio del bien común.
Por la tarde, los responsables de las confesiones y tradiciones religiosas fueron recibidos por el presidente de la República Italiana, Sergio Mattarella. Dos jóvenes entregaron al jefe del Estado un ejemplar del Pacto precisamente el día en que se conmemoraba el octogésimo aniversario de la primera sesión de la Asamblea Constituyente, subrayando así el vínculo entre el pluralismo religioso, los valores de la Constitución y la construcción de una sociedad fundada en el respeto mutuo, la libertad de conciencia y la dignidad de toda persona.
El deseo compartido es que el Pacto no permanezca como un simple gesto simbólico, sino que se convierta en un método permanente de colaboración entre las distintas comunidades de fe. En un tiempo en que las guerras, los extremismos y la polarización parecen imponerse, el diálogo interreligioso se presenta como uno de los espacios más fecundos para reconstruir la confianza, promover la cultura del encuentro y ofrecer a las nuevas generaciones una esperanza concreta de paz.
Vedi, Siglato a Roma il Patto tra le religioni
Foto: Diócesis de Roma / Gennari
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