En un mundo que corre cada vez más deprisa, celebrar la lentitud parece ir a contracorriente. Sin embargo, sigue siendo un gran valor. Quizá por ello se le ha dedicado un día especial. Nacido en Italia en el año 2000, este dia se celebró inicialmente en distintas fechas, pero en los últimos años se conmemora el primer lunes de mayo. Su objetivo era promover un estilo de vida menos frenético y más atento a la calidad de las relaciones, del trabajo y del tiempo libre.
El Día Mundial de la Lentitud nace de la idea de que la velocidad no siempre es sinónimo de progreso o de felicidad. En el mundo contemporáneo nos vemos constantemente empujados a correr: el trabajo, los desplazamientos, las comunicaciones y los compromisos. Los impulsores de esta jornada quisieron recordar que también existe el valor de desacelerar, de dedicar tiempo a las personas, a la reflexión y al cuidado de uno mismo. La iniciativa fue promovida por la asociación italiana L'Arte del Vivere con Lentezza («El Arte de Vivir con Lentitud»), inspirada en una filosofía sencilla: no hacer menos cosas, sino hacerlas con mayor conciencia.
Esta visión está vinculada a otros movimientos surgidos en Italia y en el mundo, como Slow Food, creado por Carlo Petrini en 1986. Slow Food nació para defender las tradiciones gastronómicas locales y contrarrestar la expansión de la comida rápida. Con el tiempo, el concepto de «slow» se extendió a otros ámbitos de la vida: el turismo lento, la educación lenta, las ciudades lentas e incluso un modo de trabajar con ritmos más humanos.
Entre los símbolos de esta cultura figura también el movimiento Cittaslow, fundado en 1999 por varios municipios italianos. Las ciudades que se adhieren a él se comprometen a mejorar la calidad de vida, reducir el estrés urbano y valorizar el medio ambiente y las tradiciones locales.
El Día Mundial de la Lentitud invita a realizar pequeños gestos concretos: caminar en lugar de correr; escuchar a una persona sin mirar el teléfono; dedicar tiempo a la lectura; comer con calma; contemplar la naturaleza; concederse momentos de silencio y reflexión.
En el fondo, el mensaje se resume en una paradoja: a veces, desacelerando se llega más lejos. No porque se recorra mas camino, sino porque se vive el recorrido con mayor profundidad. Como dice un proverbio africano: «Quien camina lentamente llega lejos; quien corre sin rumbo se cansa pronto».
Bruno Felice Duina recuerda a Jonathan Swift (Dublín, 1667-1745), quien, con una sutil ironía, describe las impresiones de los liliputienses que, después de registrar a Lemuel Gulliver, informan al rey sobre los objetos encontrados, entre ellos su reloj de bolsillo: «Suponemos que se trata... de una divinidad a la que este hombre adora... porque él [Gulliver] nos dijo... que nunca hacía nada sin consultarla, pues era su oráculo, que marcaba el tiempo para cada una de las acciones de su vida».
El dominio del tiempo
Ya en 1726, año de la publicación de Los viajes de Gulliver, Swift captó plenamente y con extraordinaria anticipación uno de los temas que marcarían nuestra época: ¡el dominio del tiempo y el reloj elevado a la categoría de divinidad!
Ciertamente, el pastor anglicano irlandés no podía imaginar el desarrollo que alcanzaría la tecnología, hasta el punto de que hoy, en lugar de hablar del reloj, deberíamos hablar del teléfono móvil: del reloj al teléfono móvil, pero el origen es el mismo y el segundo no es más que el desarrollo del primero. La nueva divinidad, por utilizar las palabras del informe de los liliputienses, domina sin rival la vida de muchas personas que no solo la consultan antes de emprender cualquier acción, sino que tampoco se separan de ella ni un solo instante.
La principal característica de esta nueva divinidad es proporcionar la inmediatez: todo en tiempo real, ya se trate de la última noticia, de las publicaciones de los influencers o de los mensajes de los amigos.
El transcurrir del tiempo queda borrado y absorbido en un torbellino irrefrenable. Todo, de inmediato. Esta es la gran oportunidad que está en la base del éxito de Amazon: ¡con un solo clic, en pocas horas recibes en tu casa el producto deseado! El propio consumismo se fundamenta en una carrera continua hacia las compras y en la satisfacción bulímica de necesidades inducidas, bajo la convicción implícita de que, si uno permanece quieto, pierde irremediablemente algo.
¿Sigue habiendo espacio para la lentitud?
La lentitud, por el contrario, es propia de la reflexión, de la profundización, del crecimiento y de la esperanza.
La lentitud, siempre que no provenga, naturalmente, de la indolencia o de la pereza, nos permite saborear las experiencias, vivir los acontecimientos en profundidad, detenernos para admirar lo que nos rodea y mirar a los ojos a las personas que amamos. No es un lujo ni una pérdida de tiempo, sino una manera de situarse ante la vida que constituye exactamente lo contrario de la superficialidad.
Para amar, con frecuencia también debemos sincronizarnos con los tiempos de los demás, aunque no sean los nuestros. Pensemos en los niños o en los ancianos. Pero para ello hay que estar disponibles, hay que creer en ello, hay que entrar en una dimensión humana y espiritual distinta de la que impone el ritmo frenético de la sociedad actual.
Así pues, la espera no es un tiempo vacío, una nada carente de significado, sino un camino que nos acerca gradualmente al acontecimiento y que, mientras tanto, nos transforma.
¿Puede existir una oración apresurada?
La oración, por ejemplo, requiere cuidado, atención, silencio y abandono. Quien ora se pone a la escucha, medita y dirige su mirada hacia el Más Allá.
El domingo 3 de mayo participé en la Stramilano, una gran fiesta que recorrió las avenidas del centro de la ciudad y reunió a más de 60.000 participantes, todos con la hermosa camiseta verde y el dorsal numerado. Pero ¿saben cuántas personas, muchísimas personas, de todas las edades, realizaron el recorrido sujetando firmemente el teléfono móvil en la mano durante todo el trayecto?
Bruno Felice Duina. Nacido en 1956, casado y padre de dos hijos; bergamasco de nacimiento y milanés de adopción. Licenciado en Derecho por la Universidad Católica, fue durante muchos años directivo de una empresa multinacional y actualmente está jubilado. Autor de estudios históricos, presta especial atención a las cuestiones relacionadas con la relación entre el ser humano y la modernidad.
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