Sin duda, una serie de buenas intenciones y propuestas positivas, planificaciones serias y compromisos, al menos en palabras y hasta sobre el papel. Tantos ceros a los que la historia deberá añadir la unidad inicial que los transforme en riqueza para el bien del planeta.
La COP30, en el momento de su celebración, da la impresión de una voluntad mutua de reunir declaraciones de principios y marcos políticos para establecer “buenas intenciones” y “planificaciones serias”, sentando las bases necesarias —aunque aún no concretadas— para alcanzar sus objetivos.
Los Ceros. Intenciones y Proyectos Proféticos
El Papa León XIV, en un mensaje en vídeo dirigido a los cardenales y obispos reunidos en Belém, reafirmó el apoyo de la Iglesia al Acuerdo de París y llamó a una voluntad política más fuerte. Fue un llamamiento urgente de la Fe y del liderazgo moral.
Insistió, en términos de urgencia y responsabilidad: “Somos los guardianes de la creación, no rivales por sus despojos”, subrayando que la “ventana se está cerrando” para mantener el aumento de la temperatura mundial por debajo de 1.5 °C. No es el Acuerdo de París el que fracasa, sino la respuesta: “Lo que falta es la voluntad política de algunos”, ya que acciones más firmes podrían crear sistemas económicos más sólidos y equitativos.
A la voz del Papa se sumó la Voz Profética, en el Museo de la Amazonía — símbolo de la creación que sufre — de las conferencias episcopales regionales del Sur Global, para insistir en la justicia climática y la conversión ecológica total.
La Declaración de Belém, respaldada por 44 países, pidió Recentrar en el Ser Humano la acción climática y situar a las poblaciones más vulnerables en el centro de las políticas climáticas.
Siguió la proclamación de una Nueva Alianza para la Protección Social Resiliente al Clima y la Financiación de la Agricultura a Pequeña Escala, destinada a armonizar las ambiciones nacionales con las medidas locales.
Esta Alianza respalda un Plan para Acelerar las Soluciones (PAS) que establezca objetivos claros, acciones concretas y seguimiento de los avances.
Una carta abierta, firmada por más de 1.000 organizaciones de 106 países — sindicatos, pueblos indígenas, movimientos feministas y juveniles, organizaciones afrodescendientes, grupos campesinos, defensores del medioambiente y estructuras comunitarias — insta a los Estados a comprometerse con una transición justa verdaderamente centrada en las personas. Es lo que indicaba ya la comunicación oficial de los 197 Estados parte de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC): “Hace diez años, el Acuerdo de París llevaba una promesa: que la acción climática protegería los derechos y los medios de subsistencia de las poblaciones, haciendo recaer el esfuerzo de la transición sobre los principales responsables de la crisis”.
En este contexto, la negociación llevada a cabo por los gobiernos en torno al Belém Action Mechanism (BAM, por sus siglas en inglés) para una Transición Justa — un nuevo marco financiero y de coordinación en el ámbito de la CMNUCC — constituye un obstáculo mayor en la COP30, pues ha dividido profundamente las negociaciones: el Grupo de los 77 (G77, coalición de países del Sur en desarrollo), aliado con China, se encuentra en oposición con los países industrializados, especialmente el Reino Unido y otras naciones del Norte global. La posición del G77 + China coincide con la de la sociedad civil y los sindicatos en materia de Transición Justa.
El BAM pretende transformar los principios de la Transición Justa en un plan claro y operativo dentro del marco de la CMNUCC y del Acuerdo de París, identificando los obstáculos, las oportunidades y los apoyos internacionales necesarios para permitir esta transición en los distintos sectores, países y comunidades.
Los representantes de comunidades pobres mostraron su optimismo ante la posibilidad de que todas estas iniciativas refuercen la adaptación, liberen el potencial tecnológico dentro de los sistemas agrícolas mundiales y ayuden a la comunidad internacional a redefinir la resiliencia, transformando la vulnerabilidad en fortaleza y la ambición en acción.
Dos herramientas digitales importantes han sido lanzadas para apoyar la agricultura climáticamente inteligente: un modelo de inteligencia artificial de código abierto dedicado a la agricultura, anunciado por Brasil y los Emiratos Árabes Unidos junto a la Fundación Gates y Google; y AIM for Scale, una herramienta de IA que podría ayudar a más de 100 millones de agricultores de aquí a 2028 gracias a datos en tiempo real. Los donantes internacionales también anunciaron más de 2.8 mil millones de dólares para la adaptación y resiliencia de los agricultores, con el fin de fortalecer los sistemas alimentarios mundiales.
Un Símbolo Todavía Insuficiente
La COP30 también lanza oficialmente la convocatoria de propuestas para el “Fondo de Pérdidas y Daños” creado en la COP27.
Los PMA (Países Menos Adelantados) celebran esta apertura como un “salvavidas” para los más vulnerables, para financiar proyectos de entre 5 y 20 millones de dólares. Pero los recursos siguen siendo ínfimos, señalando una insuficiencia crítica: 800 millones USD frente a pérdidas económicas para 2025 estimadas entre 128 y 937 mil millones de dólares.
El Fondo debe ser accesible, transparente, basado en subvenciones y capaz de ser distribuido rápidamente tras una catástrofe. Se exige por tanto capitalización y financiación masiva. La justicia climática exige responsabilidad y eficacia: accesibilidad, transparencia, subvenciones en lugar de préstamos, y mecanismos de desembolso inmediato tras desastres.
La Brecha entre Promesa y Realidad
Diez años después de París, la implementación sigue muy retrasada. Las desigualdades empeoran y un tercio de la población mundial vive en gran vulnerabilidad climática.
Las negociaciones están bloqueadas y la transición también, pues muchos siguen negándose a abandonar los combustibles fósiles.
Las consecuencias sobre el terreno agravan la situación: los Sundarbans — la gran región de manglares situada entre India y Bangladesh, patrimonio mundial — los pueblos indígenas, los migrantes climáticos, las pérdidas agrícolas y las crisis agrarias provocadas por la salinidad, el aumento de las aguas y los extremos climáticos, activan las alarmas sobre el futuro de poblaciones enteras. El ejemplo más contundente es el del pueblo guaraní: agricultura degradada, migraciones forzadas, imposibilidad de cosechar los alimentos sagrados.
¿Cuáles son las Luces de Optimismo?
¿Cuáles son las señales de esperanza que hacen pensar que el lanzamiento de estos llamamientos y proyectos fuese una buena noticia para los países más vulnerables?
El Dilema: entre Promesas y Realidad
Sin embargo, frente a estas pocas luces de optimismo y a pesar de los “ceros” y algunas “unidades”, el optimismo no predomina en los distintos sectores de la sociedad ni entre los científicos.
Diez años después del Acuerdo de París, los resultados son decepcionantes: un tercio de la humanidad permanece expuesta a una gran vulnerabilidad climática y el objetivo de 1.5°C sigue fuera de alcance. Según el PNUMA (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente), pese a los avances, el mundo sigue fuera de trayectoria: las políticas y medidas actuales no serán suficientes y nos conducen a casi 3°C de calentamiento, también porque tocar las energías fósiles sigue siendo tabú.
Las consecuencias ya son visibles: salinización de tierras, migraciones forzadas, pérdidas agrícolas en los Sundarbans e imposibilidad para los pueblos indígenas de cosechar sus alimentos tradicionales.
El presidente Lula calificó la COP30 como la “COP de la verdad”, pero ¿en qué sentido? Los PMA recuerdan que la inacción es “inmoral e ilegal”: “Ardemos en el calor de un incendio que no encendimos”, protestan los países pobres y los indígenas. En efecto, incluso quienes no provocaron el incendio sufrirán su calor si no nos remangamos todos juntos para apagarlo.
Haba na haba hujaza kibaba — Poco a poco se llena la jarra — parecen decirse para consolarse quienes se niegan a perder la esperanza en el futuro. Pero, ¿será suficiente esa actitud?
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