La cooperación energética, militar y tecnológica consolida una alianza entre Grecia, Israel y Chipre que ya tiene un carácter estratégico
Cuando el 30 de abril casi 200 activistas, hombres y mujeres, de la Global Sumud Flotilla fueron desembarcados por la fuerza en un puerto de la costa sur de Creta después de haber sido interceptados por las fuerzas especiales israelíes, muchos se preguntaron cómo era posible que Atenas hubiera aceptado con tanta pasividad una acción de piratería internacional realizada tan cerca de sus propias costas.
La respuesta hay que buscarla en la evolución de las relaciones entre Grecia e Israel, que junto con la República de Chipre han constituido en los últimos años mucho más que una simple alianza. Los tres países forman ya un verdadero bloque que coopera en varios frentes en nombre de numerosos intereses comunes, el primero de ellos la oposición a la influencia turca en el Mediterráneo.
Como hemos explicado en artículos anteriores, las relaciones entre Atenas y Tel Aviv no siempre han sido idílicas, sino todo lo contrario. Durante décadas Grecia fue uno de los países más hostiles hacia Israel, al que Atenas sólo reconoció oficialmente en 1990. Sin embargo, durante otros veinte años ese paso permaneció esencialmente como un gesto formal.
Solo en 2010 el Gobierno griego comenzó a buscar nuevos socios económicos para hacer frente a la crisis financiera agravada por los memorandos de austeridad impuestos por el FMI, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea, mientras Israel enviaba sus comandos para bloquear la primera Freedom Flotilla con destino a Gaza, matando a diez activistas turcos a bordo del barco Mavi Marmara.
La crisis en las relaciones con Ankara llevó a Tel Aviv a buscar nuevos apoyos, encontrando la disponibilidad de Grecia. Fue durante los gobiernos de Alexis Tsipras –líder de un movimiento de izquierda tradicionalmente favorable a la causa palestina– cuando, paradójicamente, las buenas relaciones se transformaron en una alianza.
Atenas firmó con Tel Aviv un tratado –el Status of Forces Agreement (SOFA)– que garantiza al ejército israelí el derecho a establecerse en territorio griego y realizar ejercicios militares. Desde entonces, la aviación de guerra del “Estado judío” comenzó a utilizar las montañas del Peloponeso y de Creta para entrenar a sus pilotos en operaciones de combate sobre territorio iraní.
Los gobiernos griegos comenzaron a adquirir sistemas tecnológicos, de vigilancia y armamento israelíes, compras justificadas por la necesidad de controlar los movimientos hostiles de Turquía en el mar Egeo y de disponer de un arsenal capaz de hacer frente a su histórico rival.
Con el Gobierno de Kyriakos Mitsotakis (Nea Dimokratia, derecha), precisamente mientras el “Estado judío” lleva adelante la guerra en Gaza, invade y ocupa Siria y Líbano y lanza dos ataques contra Irán, la colaboración con Israel se vuelve orgánica, estructural y se extiende sistemáticamente a Chipre en nombre de la explotación de los yacimientos de gas descubiertos en las últimas décadas frente a la isla mediterránea y de su defensa frente a las reivindicaciones turcas.
Lo que cambió especialmente los equilibrios regionales fue el descubrimiento, en 2011, dentro de la Zona Económica Exclusiva chipriota, de un primer gran yacimiento de gas natural denominado Aphrodite, seguido en 2022 por los descubrimientos de los yacimientos Calypso y Cronos, que juntos deberían proporcionar alrededor de 70.000 millones de metros cúbicos de hidrocarburos.
En 2019 Turquía y el Gobierno de Acuerdo Nacional libio firmaron un acuerdo destinado a crear un corredor marítimo turco-libio que atravesaría el Mediterráneo oriental, entrando en conflicto con los intereses griegos y chipriotas e interrumpiendo su continuidad territorial.
Atenas, Chipre e Israel respondieron creando el proyecto EastMed, pensado para transportar el gas extraído por israelíes y chipriotas hacia el Mediterráneo oriental, constituyendo un corredor energético alternativo a los controlados por Ankara.
La cooperación y la competencia energética aceleraron el desarrollo de nuevas infraestructuras militares. En abril de 2019 los tres países iniciaron la creación de un sistema de radares desplegado en los tres territorios y conectado entre sí.
En 2023 Israel Aerospace Industries adquirió el 90 % de la empresa griega Intracom Defense por 60 millones de euros, mientras que la empresa israelí Elbit Systems completó el centro de entrenamiento aeronáutico de Kalamata, en el Peloponeso, fruto de un acuerdo firmado en 2021 por un valor de 1.600 millones de euros.
En 2025 la empresa israelí SK Group compró ELVO, con sede en Salónica, fabricante de vehículos militares y civiles. Los tres países firmaron además un nuevo plan de cooperación militar y ahora pretenden convertir el Mediterráneo oriental en el centro energético de Europa mediante el Great Sea Interconnector, un cable eléctrico submarino de 1.200 kilómetros que debería conectar Atenas, Tel Aviv y Nicosia.
Para defender los intereses económicos y energéticos del verdadero bloque geopolítico ya constituido, Grecia pretende utilizar un sistema de defensa antiaérea y antimisiles –el “Escudo de Aquiles”– que, basado en la tecnología que sostiene el Iron Dome israelí, debería proteger todo el territorio griego.
El pasado 4 de diciembre, la Comisión griega de Asuntos de Defensa aprobó la compra de 36 sistemas de artillería misilística PULS por un coste de 760 millones de dólares –la mayor adquisición de armas israelíes realizada hasta ahora por Atenas– destinada a crear un sistema de protección de alcance medio, especialmente para reforzar la frontera nororiental con Turquía y las islas del Egeo.
Aunque Grecia ya forma parte de la iniciativa europea Sky Shield, creada por Alemania en 2022 para impulsar la venta de sistemas de defensa aérea principalmente alemanes, en las últimas semanas el Ministerio de Defensa griego ha creado comités de negociación para adquirir otros tres sistemas de defensa antimisiles –Spyder, Barak y David’s Sling, fabricados por las empresas israelíes Rafael e Israel Aerospace Industries, por un valor de 3.100 millones de euros– que deberían completar el “Escudo de Aquiles”.
Sin embargo, el ministro de Defensa Nikos Dendias explicó a la prensa griega que el objetivo de su Gobierno «es que Grecia pase de ser un cliente y comprador de sistemas de defensa a convertirse en un coproductor de productos innovadores, de doble uso y bajo coste».
El 2 de febrero, la Industria Aeroespacial Helénica anunció que había dado un paso en esa dirección al combinar su sistema de guerra electrónica anti drones Centaur con el sistema misilístico anti drones Barak de Israel Aerospace Industries.
Mientras tanto, según el periódico griego Ta Nea, Grecia, Chipre e Israel estarían estudiando la creación de una fuerza militar conjunta de respuesta rápida compuesta por 2.500 soldados.
El plan contemplaría la participación de unos 1.000 militares israelíes, 1.000 griegos y 500 chipriotas. La fuerza tendría una estructura integrada, con componentes terrestres, aéreos y navales, operando desde instalaciones situadas en Israel y Chipre, así como en las islas griegas de Rodas y Karpatos.
Desde el punto de vista operativo, la hipótesis estudiada incluiría la participación de un escuadrón de la Fuerza Aérea israelí y otro de la Fuerza Aérea griega, acompañados por medios navales.
El Gobierno griego considera hasta tal punto su propia seguridad vinculada inseparablemente a la de Israel que, en una reciente entrevista concedida al diario To Vima, la viceministra de Dendias, Alexandra Papadopoulou, afirmó: «Imaginen cómo podría sobrevivir Grecia en los márgenes de Europa, en una región completamente musulmana, si Israel dejara de existir».
Poco importa que Atenas haya entregado al Gobierno, al ejército y a los servicios de inteligencia israelíes el control de sus sistemas de vigilancia y de su escudo antiaéreo y antimisiles, además del entrenamiento de sus pilotos militares.
Como si esto no fuera suficiente, desde 2023 el capital israelí ha entrado con fuerza en el sector inmobiliario griego y las compras israelíes de hoteles, villas de lujo y apartamentos están creciendo rápidamente, al igual que los flujos turísticos.
Hasta tal punto que en 2025 Grecia se convirtió en el primer destino de los viajeros israelíes, con 2,2 millones de visitantes.
Lo mismo ocurre en Chipre, donde en cuatro años los residentes israelíes han pasado de 4.000 a 15.000, generando polémicas y protestas.
La compra masiva de terrenos, inmuebles y actividades económicas hace pensar que el objetivo de Tel Aviv tiene un carácter estratégico, mucho más allá de las actividades “normales” del capital especulativo.
Según varios analistas, el “Estado judío” estaría creando verdaderos enclaves fortificados y autogestionados con el objetivo de extender su influencia y disponer de auténticas “zonas seguras”, espacios donde proteger a sus élites y sus capitales en caso de necesidad.
Ver, Quella tra Grecia, Israele e Cipro non è una semplice alleanza
*Marco Santopadre, periodista y ensayista, se ocupa de geopolítica y movimientos sociales. Escribe también sobre España y movimientos de liberación nacional. Colabora con Pagine Esteri, il Manifesto, Terzo Giornale, El Salto Diario y Berria.
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