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Terrorismo yihadista en África: cada vez más víctimas y la represión empeora la situación

https://www.nigrizia.it 29.04.2026 Antonella Sinopoli Traducido por: Jpic-jp.org

El Africa Center for Strategic Studies hace el balance: en 2025 el número de víctimas aumentó en un 25%, de los cuales el 40 % corresponde al Sahel, donde llaman la atención los datos sobre la violencia ejercida por los Estados. El país en el que este fenómeno causó más muertes fue Somalia, mientras que en el noreste de Nigeria también se registra una nueva espiral de ataques.

Los acontecimientos más recientes ocurridos en Malí lo demuestran: el islamismo militante sigue siendo la principal fuente de inseguridad en África. Sin embargo, la represión ejercida por los Estados también está provocando un aumento del número de víctimas, en lugar de reducir el fenómeno. Así lo afirma un exhaustivo estudio del Africa Center for Strategic Studies (ACSS), una reconocida institución académica de investigación que depende del Departamento de Defensa de los Estados Unidos y está financiada por el Congreso.

En 2025 se registraron 23.968 víctimas, lo que representa un aumento del 24 % con respecto al año anterior, en un total de 8.375 episodios de violencia, la cifra más alta jamás registrada en el continente.

El Sahel sigue concentrando el mayor número de víctimas relacionadas con estos grupos en comparación con cualquier otra región de África, con el 41 % del total. Mantiene esta posición desde hace ya cinco años.

Una respuesta de los Estados aún más violenta

Y esto contradice las afirmaciones de uno de los principales dirigentes de la región, el capitán Ibrahim Traoré, presidente de Burkina Faso llegado al poder mediante un golpe de Estado, quien rechazó por considerarlo falso el reciente informe de Human Rights Watch, según el cual más de 1.800 civiles habrían sido asesinados en actos que constituyen «crímenes contra la humanidad» durante los tres años transcurridos desde que asumió el poder.

Dos terceras partes de esas muertes —1.255 de un total de 1.837 víctimas, todas ellas civiles— serían atribuibles a las fuerzas armadas y a los Voluntarios para la Defensa de la Patria (VDP), milicias civiles creadas en 2020 por el expresidente Roch Marc Christian Kaboré y posteriormente fortalecidas de manera masiva por Traoré mediante campañas de reclutamiento.

Se trataría de acciones de represalia contra las actividades de los grupos terroristas. En definitiva, el remedio resulta peor que la enfermedad. Estas tácticas represivas no solo siguen alimentando el reclutamiento yihadista, sino que además han incrementado el número de víctimas civiles a manos de las fuerzas armadas y de las milicias aliadas.

En lo que respecta a Burkina Faso, esta proporción entre las fuerzas de seguridad y sus aliados, por un lado, y las milicias yihadistas, por otro, también aparece reflejada en el informe del ACSS. Según este, en 2025 las primeras perpetraron 540 ataques contra civiles, mientras que las segundas cometieron 310. La situación es diferente en Malí, donde la inmensa mayoría de los actos de violencia fueron llevados a cabo por los grupos islamistas.

En conjunto, sin embargo, tanto en Malí como en Burkina Faso, el número de víctimas causadas por los ejércitos y sus aliados superó al de las víctimas atribuidas a los grupos islamistas militantes.

Aumento récord en Somalia

En Somalia, donde operan los grupos al-Shabaab y el Estado Islámico (EI/ISIS), los enfrentamientos con las fuerzas armadas se han intensificado.

En este país, las muertes atribuidas a los grupos militantes ascendieron a 8.813 tan solo durante el último año, lo que representa un incremento del 93 % con respecto al año anterior y equivale al 37 % del total de las víctimas. Se trata de la cifra más elevada registrada en un solo país.

En la cuenca del lago Chad, por el contrario, el número de víctimas aumentó un 28 % en comparación con el año anterior, lo que demuestra la persistente amenaza que representan Boko Haram y el Estado Islámico en África Occidental (ISWA), especialmente en el noreste de Nigeria.

También en el noroeste del país se está agravando la amenaza contra la seguridad, tanto por la acción de Boko Haram como por Ansaru (Vanguardia para la Protección de los Musulmanes en las Tierras Negras), una facción escindida de Boko Haram creada en diciembre de 2011.

En conjunto, según los datos del análisis, el Sahel, Somalia y la cuenca del lago Chad representan el 98 % de todas las víctimas en África relacionadas con grupos islamistas militantes.

El caso del Sahel

Más concretamente, la zona geográfica del Sahel afectada por la amenaza y la violencia de estos grupos comprende Burkina Faso, Malí y Níger, donde la violencia está alimentada en gran medida por la coalición Jama'at Nusrat al-Islam wal-Muslimin (JNIM o GSIM), a la que se atribuye el 78 % de las víctimas registradas en la región durante el último año.

Burkina Faso continúa registrando los niveles de violencia más elevados de la región, concentrando el 50 % de las víctimas relacionadas con los militantes islamistas. Malí representa más del 29 % de estas víctimas, mientras que Níger alcanza el 17 %.

El porcentaje correspondiente a Níger supone un aumento muy significativo con respecto al 7 % registrado en 2023, año en el que un golpe de Estado militar derrocó al gobierno del presidente Mohamed Bazoum.

En Malí, antes de los acontecimientos del 25 de abril, que dieron lugar a la inédita alianza entre los yihadistas y el Frente para la Liberación del Azawad (FLA), organización separatista tuareg, el JNIM había lanzado ataques contra bases militares desde Tombuctú, en el norte, hasta Bamako, en el sur, así como en Kayes, al oeste, y en las zonas próximas a las fronteras con Senegal y Mauritania.

Desde septiembre de 2025, la coalición también ha dirigido sus ataques contra el abastecimiento de combustible del país a lo largo de los principales corredores económicos procedentes de Senegal y Costa de Marfil.

Según los análisis, estos grupos no solo logran desplazarse con bastante libertad por los territorios. El JNIM, por ejemplo, ha aprovechado la represión y la violencia contra la población civil perpetradas por las juntas militares de Burkina Faso y Malí, así como las atrocidades cometidas contra civiles por grupos paramilitares rusos alineados con dichas juntas, para fomentar el reclutamiento.

Entre rivalidades crecientes y alianzas

Además, durante el último año se ha observado una competencia cada vez mayor entre distintos grupos terroristas, como el JNIM y el Estado Islámico en el Gran Sáhara (ISGS), con base principalmente en el oeste de Níger y el este de Malí. Ambos grupos protagonizaron numerosos enfrentamientos en el oeste de Burkina Faso y el norte de Malí.

Asimismo, la expansión hacia el sur de los grupos islamistas militantes del Sahel sigue ejerciendo una fuerte presión sobre los países costeros de África occidental, entre ellos Togo y Benín.

En lo que respecta a Somalia, conviene destacar dos aspectos. El primero es que el aumento del número de víctimas también se debe a la «violencia a distancia», provocada por el uso cada vez más frecuente de drones y ataques aéreos.

El segundo tiene que ver con el fortalecimiento de los vínculos entre al-Shabaab y los hutíes en Yemen, acompañado de un incremento del entrenamiento militar y de la adquisición de armamento sofisticado.

Según algunas fuentes, al-Shabaab destina aproximadamente una cuarta parte de sus fondos operativos a la compra de armas a los hutíes y a AQPA (Al Qaeda en la Península Arábiga), en Yemen.

La crisis nigeriana preocupa

En la cuenca del lago Chad, el año 2025, con un aumento del 28 % de las víctimas, resultó ser el más mortífero jamás registrado en esta región. El 87 % de las muertes relacionadas con grupos islamistas militantes en esta zona se produjo en Nigeria.

Por el contrario, Camerún, Chad y Níger registraron una disminución del número de víctimas. También en esta región existe una fuerte rivalidad, en este caso entre Boko Haram y el ISWA.

Cabe señalar, además, que en estos territorios operan numerosas bandas criminales —como la que el pasado mes de diciembre secuestró a 253 niños de una escuela católica en el estado nigeriano de Niger— que están imitando las actividades de los grupos yihadistas de la región.

A su vez, los yihadistas están adoptando tácticas propias de los grupos de bandidos, como el robo de ganado, la extorsión y el saqueo.

También debe mencionarse el norte de Mozambique, donde actúa el grupo Ahl al-Sunnah wal Jama'a (ASWJ), conocido igualmente entre la población como al-Shabaab (aunque sin vínculos conocidos con la organización somalí del mismo nombre). En esta región, el número de víctimas aumentó un 51 % en 2025, y los civiles representan aproximadamente la mitad del total de las víctimas.

El grupo terrorista está demostrando una notable capacidad de resistencia, a pesar de que se estima que cuenta con no más de 350 combatientes, distribuidos en pequeñas células dispersas por las zonas rurales del país.

El panorama incluye también el norte de África, que permanece relativamente tranquilo, salvo algunos episodios esporádicos en Argelia y Libia.

En estos países, los servicios de inteligencia desmantelaron cuatro células del Estado Islámico, cuyas actividades estaban orientadas a facilitar el traslado de combatientes desde Europa, a través de Libia, hacia el Sahel y Somalia; producir y difundir propaganda en las redes sociales; blanquear fondos destinados a apoyar una operación planificada en Sudán; crear células durmientes en Libia; y, por último, obtener beneficios mediante el tráfico de migrantes.

Ver, Terrorismo jihadista in Africa: sempre più vittime, e la repressione fa peggio 

Foto: Milicianos en la región de Tillabéri, en Níger. © Aharan Kotogo – Wikimedia Commons.

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Los comentarios de nuestros lectores (1)

Bernard Farine 17.07.2026 Le second texte, grave dans son contenu et riche en information m'a cependant un peu assommé par la profusion de chiffres et l'accumulation d'exemples tous azimuts.