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Miles de toneladas de armas en el fondo del mar Báltico

EURONEWS 01.03.2026 Katarzyna Kubacka Traducido por: Jpic-jp.org

Entre 40.000 y 60.000 toneladas de armas químicas han sido depositadas en el fondo del mar Báltico desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Otros cientos de miles de toneladas corresponden a armas convencionales, como minas de combate.

El fondo del mar Báltico es solo un ejemplo de cómo las guerras han contaminado los mares. Tras la Segunda Guerra Mundial, entre 40.000 y 60.000 toneladas de armas químicas fueron abandonadas únicamente en el mar Báltico. Sin embargo, el doctor Michal Czub, biólogo del Laboratorio de Amenazas Contemporáneas para los Ecosistemas Marinos del Instituto de Oceanología de la Academia Polaca de Ciencias, subraya en una entrevista concedida a Euronews que también existen enormes cantidades de armas convencionales que pueden resultar potencialmente igual de tóxicas. No obstante, el impacto exacto de estos compuestos todavía no ha sido objeto de estudios exhaustivos.

«Se estima que en el siglo XX hubo hasta 200.000 minas navales en el mar Báltico, cuyo contenido explosivo podía variar desde varias decenas de kilogramos hasta una tonelada», explica. «Se trata, por tanto, de una escala enorme, verdaderamente masiva. Sin embargo, en términos de volumen total de estos arsenales sumergidos, las armas convencionales superan ampliamente a las químicas».

Eliminar los efectos ecológicos de las guerras actuales

Aunque el experto evita utilizar la expresión «bomba de relojería» para describir la contaminación del fondo marino, la corrosión de las armas depositadas en el lecho marino —ya sean químicas o convencionales— provoca la liberación de toxinas en el agua, lo que a su vez conduce a la contaminación de los organismos marinos. Sin embargo, la magnitud exacta del fenómeno sigue siendo desconocida. Como señala el especialista, no son necesariamente «los compuestos más abundantes los potencialmente más nocivos; por el contrario, aquellos presentes en menores cantidades pueden resultar mucho más peligrosos».

Aunque hoy en día la práctica de arrojar armas al mar está prohibida por diversos tratados y convenciones internacionales —como la Convención de Londres de 1972, el Tratado sobre los Fondos Marinos de 1971, la Convención sobre las Armas Químicas de 1993 o la Convención de Helsinki (HELCOM)— esto no significa que las armas ya no lleguen a los mares, precisa el biólogo.

«Se trata, en realidad, de un problema histórico. En el mar Negro, por ejemplo, actualmente hay una guerra, lo que significa que municiones llegan al medio marino, ya sea de manera intencionada o accidental como consecuencia de los bombardeos. En ese sentido, podemos decir que tenemos ‘suerte’ de que en el mar Báltico estemos investigando algo histórico. A pesar de las prohibiciones, el mundo lamentablemente sigue siendo como es. Estamos estudiando arsenales del pasado y, si la guerra en torno al mar Negro y Ucrania llega a su fin, estos conocimientos podrían ayudarnos a eliminar los efectos ecológicos del conflicto actual».

No todas las catástrofes son inmediatamente visibles

Como señala el experto, «el mar Báltico se ha convertido en un campo de pruebas para todo el mundo, y gran parte del conocimiento procede de aquí». Gracias a las investigaciones sobre el fondo marino —realizadas, entre otros, por el Instituto de Oceanología de la Academia Polaca de Ciencias en cooperación con organizaciones internacionales— es posible estudiar el impacto de la corrosión de las armas en los organismos y en el medio marino.

No obstante, estas investigaciones deben llevarse a cabo a largo plazo y sobre muestras amplias. En la actualidad todavía existen numerosas lagunas de conocimiento que los científicos tratan de colmar.

Por ejemplo, los estudios han demostrado que «el uso de agua destilada en laboratorio, en comparación con la matriz natural que forman el agua de mar y los sedimentos, representa dos realidades completamente distintas». Esto contradice la idea difundida tras la Segunda Guerra Mundial de que el agua de mar neutraliza los efectos de las armas químicas.

«Además, lamentablemente hemos podido demostrar que algunos productos de degradación pueden ser más tóxicos en el agua que los compuestos originales. Es decir, no han sido neutralizados en absoluto por la inmersión —como se suponía— e incluso pueden dar lugar a la formación de nuevos compuestos, a menudo más tóxicos».

Dilemas similares se plantean en las investigaciones sobre la contaminación de los peces. En el contexto de las armas químicas, el experto recuerda los casos ampliamente difundidos de quemaduras por gas mostaza sufridas por pescadores cerca de la isla de Bornholm.

Ya se han detectado toxinas en peces que nadan en el mar Báltico. Sin embargo, como subraya el biólogo, «el problema es que se detectaron en el 10 % de las muestras de peces de Bornholm analizadas, y las concentraciones eran muy bajas».

El experto también destaca la dificultad de prever cuándo —y si— las armas abandonadas en el fondo del mar Báltico podrían provocar una catástrofe.

«Es algo intermedio, porque resulta difícil decirlo. Puede que la contaminación ya esté ocurriendo, pero aún no sabemos exactamente en qué consiste. No todas las catástrofes son tan evidentes como para provocar la muerte inmediata de todo».

No obstante, se ha observado que el calentamiento del mar acelera la corrosión de las armas depositadas en el fondo, lo que provoca una liberación más rápida de sustancias químicas.

«Encontramos objetos completamente corroídos», explica el biólogo. «Esos barriles casi míticos, en mi opinión, ya están totalmente corroídos, porque no los encontramos en el fondo del Báltico. Los proyectiles de artillería serían probablemente los que más tardan en corroerse, debido al grosor de su metal».

Los expertos coinciden en que las armas abandonadas en el fondo marino deberían ser retiradas. Sin embargo, continúan los debates sobre cómo hacerlo de manera segura y respetuosa con el medio ambiente.

Como señala un especialista, resulta paradójico que la retirada de armas del fondo del mar pueda constituir una violación de la Convención sobre las Armas Químicas.

«En la era de la prohibición de la proliferación de armas químicas, la posesión repentina de estos compuestos tras recuperar un arsenal químico puede constituir una infracción de las convenciones internacionales».

Las investigaciones sobre las armas químicas y convencionales en el mar Báltico continúan. La magnitud del fenómeno aún sigue siendo desconocida.

Ver, Des milliers de tonnes d'armes au fond de la mer Baltique

Una mujer camina por una playa del mar Báltico cubierta de hielo en Scharbeutz, Alemania, en un miércoles frío y ventoso, el 4 de febrero de 2026 – © AP Photo / Michael Probst.

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