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RDC. La guerra en el Este cambia de rostro

Rivista Nigrizia 08.01.2026 Redazione Traducido por: Jpic-jp.org

Ante el agravamiento de la crisis en el este de la República Democrática del Congo (RDC), el reciente informe de mitad de mandato del Grupo de Expertos de las Naciones Unidas (S/2025/858), publicado el pasado 30 de diciembre 2026, no deja margen para interpretaciones optimistas. El documento describe un escenario en el que la línea divisoria entre rebelión interna y agresión externa se ha desdibujado por completo, dando paso a un conflicto regional multidimensional que amenaza la integridad territorial del país y la estabilidad de toda África Central.

“La expansión territorial de la Alianza Río Congo/Movimiento 23 de Marzo (AFC/M23) —señala el informe— ha alcanzado niveles sin precedentes, poniendo en riesgo la estabilidad regional”.

El M23 y la institucionalización de la rebelión

El dato más alarmante que emerge del informe es la evolución del AFC/M23. Según los expertos, ya no se trata de una simple milicia errante, sino de una estructura cuasi estatal que ejerce una gobernanza paralela sobre amplias zonas de Kivu del Norte y Kivu del Sur.
En los territorios ocupados —en particular Rutshuru, Masisi, Goma y parte de Nyiragongo— el M23 ha instaurado un sistema de tributación aduanera, ha designado administradores locales y ha creado sus propios tribunales. Esta “normalización” de la ocupación busca hacer permanente la presencia del grupo, desafiando directamente la autoridad de Kinshasa no solo en el plano militar, sino también administrativo, con el objetivo de aislar y asfixiar económicamente al gobierno central.

La sombra de Kigali y la escalada tecnológica

El informe de la ONU documenta de forma inequívoca la implicación directa de las Fuerzas de Defensa de Ruanda (RDF). Los expertos han reunido pruebas contundentes, que van desde la identificación de altos oficiales ruandeses operando sobre el terreno hasta el uso de armamento de mayor sofisticación que el disponible para el ejército regular congoleño (FARDC).
La introducción de drones de ataque y de sistemas de misiles tierra-aire (SAM) ha “cerrado el cielo” sobre las zonas de conflicto, neutralizando la superioridad aérea que Kinshasa había intentado establecer. Este apoyo ya no es episódico, sino estructural, transformando al M23 en un auténtico brazo operativo de una potencia regional: Ruanda.
Tras consolidar el control territorial, continúa el informe, el AFC/M23 y las RDF concentraron sus esfuerzos en la neutralización de las FDLR (Fuerzas Democráticas para la Liberación de Ruanda, rebeldes hutu), llevando a cabo operaciones caracterizadas por intensos combates y ataques sistemáticos y generalizados contra la población civil, especialmente en las zonas de Bwito y Bwisha, en el territorio de Rutshuru.

Los Wazalendo y la fragmentación de la seguridad

Para responder al avance del M23, el gobierno del presidente Félix Tshisekedi ha recurrido a una estrategia arriesgada: el uso de empresas privadas de seguridad y el apoyo a los Wazalendo (“patriotas”). Se trata de una constelación heterogénea de milicias locales que operan en coordinación con el ejército nacional. Sin embargo, el informe subraya que esta “externalización” de la defensa está provocando una fragmentación incontrolada del aparato de seguridad.
Los Wazalendo son acusados de extorsiones y de violencia sistemática contra la población civil, creando un clima de anarquía en el que los civiles quedan a menudo atrapados entre dos fuegos. Además, la persistente colaboración de elementos de las FARDC con las FDLR sigue proporcionando a Ruanda un casus belli para justificar sus intervenciones, “alimentando la narrativa del conflicto étnico y complicando los esfuerzos de paz”.

Oro y coltán: el combustible económico de la guerra

El motor económico del conflicto sigue siendo la explotación de los recursos naturales. El informe traza con precisión las rutas del oro, que desde los yacimientos controlados por los grupos armados fluye hacia Uganda y Ruanda para luego ser “blanqueado” e introducido en los mercados internacionales, con Dubái como principal centro de tránsito.
Las tropas apoyadas por Ruanda, desplegadas en varias líneas del frente —en particular en Masisi, Walikale y Lubero— han permitido la conquista de nuevos territorios y la consolidación del acceso a los recursos mineros del Kivu del Sur, incluida la toma de la localidad minera estratégica de Nzibira y de la mina de oro industrial de Twangiza, en Luhwindja. Estas operaciones han permitido al M23 controlar casi la mitad de la producción regional de casiterita y coltán, así como más de dos tercios de la producción de wolframita.
Además del oro, la tributación ilegal sobre las cadenas de suministro de coltán, estaño y tantalio proporciona a las milicias ingresos constantes, haciéndolas financieramente autónomas y menos sensibles a las sanciones internacionales. El informe señala que todos los grupos armados, incluidos los distintos agrupamientos Wazalendo, imponen tasas sistemáticas sobre la producción y el transporte de coltán y estaño.
La guerra, por tanto, no es solo una cuestión de poder, sino un negocio lucrativo para las élites militares y los traficantes regionales.

El fracaso de la diplomacia y la catástrofe humanitaria

En el plano diplomático, los esfuerzos llevados a cabo en Luanda, Nairobi y más recientemente en Doha y Washington se encuentran, según el informe, en una fase de estancamiento crítico. A pesar de los altos el fuego firmados formalmente —el más reciente bajo los auspicios de Estados Unidos— las violaciones sobre el terreno son cotidianas.
Este vacío político tiene consecuencias devastadoras. “Las violaciones del derecho internacional humanitario son sistemáticas”, escriben los expertos. “El número de desplazados internos ha alcanzado cifras récord, agravando una crisis humanitaria ya de por sí catastrófica”.
Millones de desplazados internos viven en condiciones inhumanas en torno a Goma y Bukavu, con la violencia sexual utilizada de forma metódica como arma de terror por todas las partes implicadas, así como el reclutamiento de niños soldados. La misión de la ONU (MONUSCO), en fase de repliegue, parece cada vez más impotente ante la magnitud de los acontecimientos.
Las agencias humanitarias advierten asimismo de que las casi 90.000 personas que han huido a Burundi desde el 10 de diciembre, tras la toma de Uvira por parte del M23, se enfrentan a condiciones extremadamente difíciles, con acceso limitado a alimentos y agua.
Burundi acoge actualmente a unos 200.000 refugiados. Según ACNUR, mujeres y niños son también allí los más vulnerables. Muchos viven en refugios improvisados, sin protección contra las inclemencias del tiempo, durmiendo en el suelo sin mantas y recibiendo alimentos insuficientes. El hacinamiento, añade la agencia, está aumentando el riesgo de epidemias de cólera, sarampión y malaria.

Hacia un 2026 marcado por la incertidumbre

El informe de los expertos de la ONU constituye una última advertencia para la comunidad internacional. Sin una presión coordinada que ataque las redes de financiación ilícita y sin un diálogo político real que incluya a todos los actores regionales, la República Democrática del Congo corre el riesgo de hundirse en lo que muchos analistas ya denominan la “Tercera Guerra del Congo”.
La estabilización no llegará solo a través de las armas, sino mediante el desmantelamiento de la economía de guerra que ha convertido la inestabilidad en un recurso estratégico.

Las recomendaciones: bloquear los flujos de armas y de capital

En este sentido, el informe S/2025/858 marca un giro metodológico crucial. Para poner fin a la guerra en el este del Congo ya no bastan los frágiles altos el fuego: es necesario golpear el “corazón digital y financiero” del conflicto. Por primera vez, los expertos ponen un énfasis sin precedentes en la superioridad tecnológica del M23, denunciando el uso de drones de ataque y de sistemas de misiles tierra-aire que han transformado Kivu en un escenario de guerra moderna.
La recomendación es clara: se requiere un bloqueo inmediato de las tecnologías de doble uso que alimentan la escalada.
Paralelamente, el informe dirige su atención a los flujos de capital. La ONU solicita sancionar no solo a los líderes militares, sino a toda la arquitectura de intermediarios y empresas pantalla que operan en los centros financieros globales —con una referencia explícita a hubs como Dubái— para “blanquear” el oro de conflicto.
La paz, por tanto, pasa por el rastreo de las transferencias bancarias y la auditoría de las refinerías. Es el llamamiento a un “embargo inteligente”: solo privando al M23 y a sus patrocinadores regionales de oxígeno financiero y tecnológico será posible desactivar una crisis que amenaza la propia soberanía de la República Democrática del Congo.

Ver, Rd Congo. La guerra nell’Est cambia volto

Foto: soldados de las FARDC en Kibati, Kivu del Norte

 

 

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