Un hombre, en su tiempo, provocó un gran escándalo, únicamente porque quería establecer la paz reuniendo a las dos partes en conflicto: su nombre es Erasmo de Rotterdam. Fue un hombre de paz y, como hombre de paz, un hombre “en el medio”, pero tan amante de la paz que se atrevió a un lenguaje que, en ocasiones, ciertamente no es “pacifista”. De este modo, reelaboró la oración del “Padre Nuestro” para el soldado, que inserta dentro de su escrito “Lamento de la Paz”. La oración ha sido retomada con variaciones en distintas publicaciones.
¿Cómo puede un soldado rezar el Padrenuestro en las liturgias del campo de batalla? ¡Oh hombre temerario!
Llamas a Dios Padre mientras pones el cuchillo en la garganta de tu hermano.
Santificado sea tu nombre. ¿Qué fango mayor puede arrojarse sobre el nombre de Dios que el de las luchas entre hermanos?
Venga tu Reino. Y tú, mientras lo invocas, edificas tu dominio sobre ríos de sangre.
Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Dios quiere la paz; pero ¿acaso preparas tú la guerra?
Danos hoy nuestro pan de cada día. Y, sin embargo, incendias las cosechas de tus hermanos, prefiriendo la ruina a la prosperidad compartida.
Perdona nuestras deudas. ¿Cómo osas decirlo mientras te dispones a matar a tu hermano?
No nos dejes caer en la tentación. Y, sin embargo, tiendes trampas a tu hermano, poniendo en peligro tu propia vida.
Líbranos del mal. Mas tú mismo eres artífice del mal contra tus hermanos.
Foto. Sudaneses que huyen de Darfur
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