Ha bajado el telón de la primera Conferencia internacional sobre el abandono de los combustibles fósiles, celebrada del 24 al 29 de abril en Santa Marta, Colombia. Es momento de reflexionar sobre los resultados que ha producido. Pero hay que hacerlo desde la perspectiva adecuada. La próxima cita será en Tuvalu en 2027.
Sería erróneo y superficial criticar porque no se alcanzaron acuerdos vinculantes, ya que la Conferencia de Santa Marta no se planteó explícitamente como un espacio de negociación. Hay que partir, en cambio, del hecho de que se trató de un evento sin precedentes. Nunca antes tantos países del mundo —casi sesenta— se habían reunido fuera de las COP para hablar de la crisis climática. Y además en medio del conocido y tenso contexto geopolítico actual. El primer resultado fundamental es, por tanto, que el evento haya tenido lugar.
El viaje iniciado con la Conferencia de Santa Marta continuará
También hay que considerar que la Conferencia de Santa Marta corría el riesgo de quedarse en un hecho aislado. Las COP se celebran desde hace más de treinta años y se prevé que continúen indefinidamente, al menos mientras el mundo decida respetar la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), que las creó. En cambio, la Conferencia internacional sobre el abandono de los combustibles fósiles es distinta: fue el resultado de una coalición de países dispuestos, valientes y visionarios, comenzando por sus dos coorganizadores, Colombia y Países Bajos.
El hecho de que ya se haya decidido celebrar una segunda Conferencia constituye otro gran logro. Tendrá lugar en 2027 en Tuvalu, en el Pacífico. Una preconferencia se celebrará en Irlanda, país coorganizador. «El impulso de Santa Marta es alentador: debemos seguir construyendo sobre él», declaró Mary Robinson, expresidenta de Irlanda y miembro fundadora del prestigioso grupo de líderes mundiales The Elders. El sitio web de la Conferencia se abre con una frase justamente celebratoria: «El viaje continúa».
Los principios para el abandono de los combustibles fósiles en la Declaración de los pueblos
La Conferencia de Santa Marta se caracterizó por la fuerte presencia de la sociedad civil. Una voz que, a diferencia de lo que ocurre demasiado a menudo en las COP, tuvo el espacio y la importancia que merece en la agenda del evento. Fue sobre todo un evento de los pueblos, subrayando que ya no aceptan que las decisiones se tomen por encima de sus cabezas. A diferencia, una vez más, de lo que sucede en las COP, contaminadas por hordas de lobistas de los combustibles fósiles. En Santa Marta, en cambio, estuvieron ausentes. La «Declaración popular por una transición rápida, equitativa y justa hacia un futuro sin combustibles fósiles» puede considerarse el verdadero manifiesto programático del evento.
La Declaración enumera 15 principios sobre los que debe basarse la transición. Entre ellos, el respeto estricto a la ciencia del clima, el reconocimiento de las responsabilidades históricas del Norte global en la crisis climática, la centralidad de los derechos humanos, la eliminación de las barreras financieras y la cancelación de las deudas ilegítimas. También incluye el rechazo de las falsas soluciones, la solidaridad y la cooperación internacionales (incluido el apoyo a un tratado vinculante sobre combustibles fósiles), así como la necesidad de un cambio sistémico —económico, político y social— para decir adiós al capitalismo extractivista.
El texto también exige una serie de acciones «concretas e inmediatas», entre ellas la eliminación progresiva, completa, justa y equitativa de los combustibles fósiles, y una transición «rápida» hacia un sistema energético basado al 100 % en energías renovables.
El Panel científico para la transición energética y los avances del Tratado sobre los combustibles fósiles
En Santa Marta también nació el Panel científico para la transición energética global (SPGET en su sigla inglés), otra primicia. Estará formado por científicos y expertos de prestigio mundial en clima, economía y tecnología, y orientará las políticas públicas proponiendo acciones concretas para la eliminación de los combustibles fósiles. Entre los coordinadores de la iniciativa se encuentra Johan Rockström, director del Instituto de Investigación sobre el Impacto Climático de Potsdam y «padre» del concepto de los límites planetarios.
Otro logro que la Conferencia de Santa Marta puede anotarse es que Francia eligió precisamente este evento en Colombia para anunciar su hoja de ruta nacional hacia el abandono de los combustibles fósiles. El anuncio fue realizado por Benoît Faraco, enviado especial para las negociaciones climáticas.
Colombia también dio un paso adelante en favor del Fossil Fuel Treaty, la iniciativa para un tratado global de no proliferación de los combustibles fósiles. En una reunión presidida por la ministra de Medio Ambiente de Colombia, Irene Vélez Torres, diez nuevos países se unieron, como observadores, a los dieciocho que ya participan oficialmente, con el fin de invitar a la Conferencia a reconocer formalmente la necesidad de negociar un nuevo instrumento jurídico internacional para el abandono de los combustibles fósiles.
Compromisos de los gobiernos en la Conferencia de Santa Marta
Los dos países anfitriones, Colombia y Países Bajos, publicaron sus conclusiones finales sobre los resultados de la Conferencia. El documento señala una serie de puntos clave en los que comprometerse, empezando por la organización de la segunda Conferencia en Tuvalu en 2027. También se habla de reforzar los vínculos y el apoyo mutuo entre los países comprometidos con la agenda del abandono de los combustibles fósiles, evitando duplicidades. Un grupo de coordinación acompañará el proceso hacia las próximas conferencias, buscando la máxima complementariedad con los esfuerzos realizados en el marco de la CMNUCC.
Se crearán tres grupos de trabajo. El primero tendrá la tarea de desarrollar y coordinar hojas de ruta nacionales y regionales para la transición energética, alineadas con las NDC (Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional – en la sigla inglés - del Acuerdo de París), abordando también el problema aún no resuelto de las emisiones vinculadas a los combustibles fósiles destinados a la exportación.
Un segundo grupo apoyará los cambios necesarios en la arquitectura financiera (inversiones, restricciones de deuda, incentivos, subsidios) para respaldar la transición.
Un tercer grupo se centrará en la alineación de las políticas comerciales para reducir el peso de los combustibles fósiles en el comercio mundial.
En los próximos meses se publicará el informe oficial de la Conferencia de Santa Marta, que se compartirá en vista de las reuniones preparatorias de la CMNUCC para la COP31, prevista a finales de año en Turquía. Esto demuestra que quienes se reunieron en Colombia no buscan oponerse al proceso de las COP, sino más bien acelerarlo y hacerlo más democrático.
«Hoy —declaró Irene Vélez Torres— comienza una nueva democracia climática global».
Ver, Alla Conferenza di Santa Marta è nata una «nuova democrazia climatica globale»
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