Justicia, Paz, Integridad<br /> de la Creación
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El crimen perfecto

Butembo 20.07.2026 Anonimo Traducido por: Jpic-jp.org

Un solo crimen… pero mil maneras de cometerlo sin un arma y sin derramar una sola gota de sangre: matar aquello que hace vivir al ser humano, la verdad, la confianza, la justicia y la dignidad… Aquí va una profunda sabiduría que debe transmitirse de padre a hijo.

Un día, un hombre se sentó junto a su hijo y le dijo con voz grave: «Hijo mío, en nuestra vida solo existe un verdadero crimen: el asesinato. Aléjate siempre de ese camino. Nunca pongas la mano sobre la vida de otro ser humano».

El muchacho miró a su padre con gran sorpresa. Su mirada parecía preguntarle: «Padre, ¿por qué me dices esto? ¿Acaso dudas de la educación que me has dado? ¿Piensas que algún día podría matar a alguien?»

El padre sonrió al ver el asombro de su hijo. Luego, después de un breve silencio, continuó:

«No te sorprendas por mis palabras, hijo mío. Quiero enseñarte algo muy profundo. Hay maneras de matar sin derramar una sola gota de sangre.

Se puede matar con la lengua, con el engaño, con la injusticia, con el odio, con la indiferencia o con el abuso de poder. Escucha bien:

La mentira… Es matar la verdad y sofocar la honestidad.

El robo… Es matar la seguridad, perturbar la paz y quitarle al otro aquello que le pertenece.

El engaño… Es matar la confianza y hacer sospechosa toda palabra dada.

El fanatismo… Es matar la libertad, rechazar las diferencias y querer hacer desaparecer la diversidad que Dios ha depositado en la humanidad.

La rudeza y las palabras vulgares… Es matar los sentimientos, herir el corazón, menospreciar al otro y destruir poco a poco el respeto y la estima.

La corrupción… Es matar el honor, vender la conciencia y envenenar la sociedad.

El desenfreno y la obscenidad… Es matar el pudor, banalizar aquello que debería ser respetado y debilitar la dignidad de la persona.

El falso testimonio… Es matar la verdad y, a veces, condenar injustamente a un inocente.

La calumnia y la difamación… Es matar la reputación de una persona, a veces con unas pocas palabras, aunque se necesiten años para reparar el daño causado.

El odio… Es matar la fraternidad incluso antes de que hablen las armas.

La indiferencia ante el sufrimiento… Es dejar morir la esperanza en el corazón de aquel que necesitaba una mano tendida.

La injusticia, la tiranía y los malos tratos… Es matar la justicia, aplastar la dignidad y convertir la vida en una carga.

La explotación de los débiles… Es matar su futuro aprovechándose de su pobreza y de su vulnerabilidad.

La guerra… A menudo no es más que el resultado de todas estas pequeñas muertes acumuladas: la verdad sacrificada, la confianza destruida, la justicia despreciada y la dignidad humana olvidada».

El padre hizo una pausa y luego miró largamente a su hijo.

«¿Lo comprendes ahora, hijo mío? El verdadero peligro no es solamente aquel que toma un cuchillo o un arma para quitar una vida. También existe aquel que, día tras día, destruye a su alrededor aquello que permite a los seres humanos vivir juntos: la verdad, la confianza, la justicia, la paz, la dignidad y el amor.

Algunos crímenes no hacen ruido. No dejan sangre en las manos. No siempre conducen ante un tribunal. Pero dejan heridas profundas en los corazones y en la sociedad.

Por eso, hijo mío, no te contentes con decir: “Nunca mataré a nadie”. Di más bien:

“Nunca mataré la verdad con la mentira;

Nunca mataré la confianza con el engaño;

Nunca mataré la dignidad con la humillación;

Nunca mataré la justicia con la corrupción;

Nunca mataré la libertad con el fanatismo;

Nunca mataré la esperanza con mi indiferencia”.

Aléjate, pues, del asesinato, hijo mío, pero aléjate también de todo aquello que pueda convertirse en una pequeña muerte para tu prójimo.

Protege la vida.

Protege la verdad.

Protege la dignidad.

Protege la paz.

Aquel que aprende a respetar las pequeñas cosas que hacen vivir al ser humano se convierte él mismo en un artífice de vida.

Y nunca olvides esto: Se puede quitar una vida en un instante; pero también se puede matar lentamente, sin siquiera darse cuenta.

Así pues, hijo mío, elige siempre el camino que da vida. Y que Dios te conceda la sabiduría para reconocer el mal antes de que se convierta en un crimen, la fuerza para alejarte de él y el valor para defender la vida, la verdad y la dignidad de cada persona. Solo así serás verdaderamente feliz».

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