¿Qué revelan estos misteriosos círculos de piedra del desierto sudanés? Durante mucho tiempo enigmáticos, extraños círculos de piedra descubiertos en el desierto de Atbaï aportan nuevos indicios sobre la resiliencia de las primeras sociedades pastoriles frente a la aridificación del Sahara.
Entre el Nilo y el mar Rojo se extiende el desierto de Atbaï, una de las regiones menos exploradas del noreste de África desde el punto de vista arqueológico. Durante mucho tiempo ocultos bajo las arenas, los vestigios de una antigua sociedad pastoril han reaparecido hoy gracias a las tecnologías de teledetección por satélite.
Un equipo internacional que reúne a investigadores de la Universidad Macquarie, del laboratorio HiSoMA y de la Academia Polaca de Ciencias ha identificado cerca de 280 recintos circulares de piedra distribuidos a lo largo de casi 1.000 kilómetros a través del desierto sudanés. Datados entre 4.500 y 2.500 años antes de nuestra era, estas estructuras monumentales miden entre 5 y 82 metros de diámetro y figuran entre los testimonios más antiguos de ocupación humana de la región.
Desde el espacio, estos monumentos aparecen como círculos casi perfectos trazados en la arena. Su número y su dispersión en un territorio tan vasto constituyen un descubrimiento excepcional. Aunque ya se conocían algunos ejemplos en los desiertos orientales de Sudán y Egipto, nunca habían sido inventariados a tal escala.
El estudio publicado el 13 de mayo de 2026 en la revista African Archaeological Review aporta así una luz inédita sobre una cultura nómada sahariana cuya huella territorial había sido hasta ahora ampliamente subestimada. Estos vestigios constituyen un capítulo poco conocido de la historia anterior al surgimiento de los reinos de Nubia y del antiguo Egipto.
Para comprender la función de estas estructuras, los arqueólogos han analizado su ubicación y su contenido. La mayoría se sitúa cerca de antiguos puntos de agua, mientras que varios contienen sepulturas que asocian restos humanos y animales, especialmente ganado.
Estos hallazgos, combinados con la presencia de pinturas rupestres que representan rebaños, indican que los constructores pertenecían a poblaciones pastoriles que practicaban la ganadería desde el VI milenio antes de nuestra era. Aunque las poblaciones pastoriles estaban presentes en la región desde el VI milenio antes de nuestra era, los recintos funerarios identificados por los arqueólogos fueron construidos posteriormente, entre aproximadamente 4.500 y 2.500 antes de nuestra era.
Los investigadores denominan a estos monumentos con el término inglés «enclosure burials», que puede traducirse como «recintos funerarios». En varios casos, las tumbas están organizadas alrededor de una sepultura central, probablemente la de un jefe o una personalidad importante. Alrededor de esta tumba principal se distribuyen otras inhumaciones humanas y animales según una disposición cuidadosamente ordenada.
Datadas por carbono 14 entre 4.000 y 3.000 años antes de nuestra era, estas sepulturas son contemporáneas del Egipto predinástico. Sin embargo, pertenecen a un mundo muy diferente del de las primeras sociedades agrícolas del valle del Nilo.
Las poblaciones del Atbaï vivían principalmente de la ganadería y no practicaban ni la escritura ni la agricultura. A pesar de ello, la organización de las tumbas sugiere la existencia de una jerarquía social ya bien establecida. El privilegio de ser enterrado en el centro del recinto, rodeado de otros difuntos, probablemente refleja una posición de autoridad reconocida por la comunidad.
El ganado también desempeña un papel esencial en estas prácticas funerarias. Bovinos, ovinos y caprinos eran en ocasiones enterrados junto a los muertos. En un contexto en el que el Sahara se volvía progresivamente más seco y los pastos se volvían escasos, poseer grandes rebaños representaba un signo evidente de riqueza y prestigio. Ser enterrado con parte del propio ganado constituía uno de los símbolos más fuertes del estatus social.
Para los arqueólogos, estos cientos de sitios ofrecen una oportunidad única para estudiar la aparición de las desigualdades sociales en una cultura que ha dejado muy pocos rastros materiales. Demuestran que ya existía una élite nómada en el desierto de Atbaï mucho antes de la formación de las grandes jerarquías políticas del antiguo Egipto.
Hoy resulta difícil imaginar una actividad pastoril intensa en este entorno extremadamente árido. Sin embargo, hace unos 6.000 años, el paisaje era muy diferente.
Al final del período húmedo africano, el clima seguía siendo relativamente favorable, aunque la aridificación del Sahara ya estaba en curso. Los nuevos datos sugieren, no obstante, que esta desertificación no fue uniforme. Algunas regiones, como el Atbaï, habrían conservado durante más tiempo condiciones propicias para la vida humana y la ganadería.
Esta capacidad de resistencia frente a los cambios climáticos podría explicar por qué estas comunidades pastoriles pudieron prosperar en la región durante varios milenios.
Este descubrimiento llega en un momento en que los vestigios arqueológicos del desierto de Atbaï se enfrentan a graves peligros. La región es rica en recursos auríferos y ya era objeto de explotación minera en época faraónica.
Hoy en día, las actividades de extracción artesanal de oro no reguladas están destruyendo numerosos sitios a un ritmo alarmante. La cartografía realizada por los investigadores podría contribuir a su protección, pero la guerra civil que afecta a Sudán desde abril de 2023 ha debilitado considerablemente las instituciones encargadas de preservar este patrimonio.
Después de haber atravesado seis milenios de historia y sobrevivido a la sucesión de varios imperios, estos testimonios excepcionales del pasado corren ahora el riesgo de desaparecer antes incluso de haber revelado todos sus secretos.
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© MG, imagen generada por IA
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