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¿Es el reconocimiento de Somaliland fuente de “graves consecuencias”?

Butembo 16.01.2026 Manariho Etienne Traducido por: Jpic-jp.org

Sí, para numerosos países árabes, para el mundo árabe en su conjunto y para otros Estados más. Pero ¿por qué? ¿Y por qué Israel ha dado este paso tras más de treinta años de espera, mientras otros países siguen navegando en la ambigüedad?

El 26 de diciembre de 2025, Israel reconoció oficialmente a Somaliland como Estado independiente, convirtiéndose así en el primer país del mundo en hacerlo: un reconocimiento que rompe un auténtico tabú diplomático. Esta decisión implica el establecimiento de relaciones diplomáticas plenas, incluidas embajadas y cooperación política, económica y en materia de seguridad.

Para numerosos países árabes e islámicos, esta decisión constituye una violación del derecho internacional y de la Carta de las Naciones Unidas, en particular de los principios de soberanía, unidad e integridad territorial de los Estados, que resultarían debilitados.

Más allá del aspecto jurídico, varios gobiernos consideran que una medida de este tipo crea un precedente peligroso, susceptible de alentar otros movimientos secesionistas en África, Oriente Medio u otras regiones, con efectos potencialmente desestabilizadores para la paz y la seguridad internacionales.

Algunos comentarios —incluso en círculos cercanos a la ONU— evocan además consideraciones geopolíticas o militares (vínculos indirectos con Gaza, hipótesis de implantaciones estratégicas en la región), lo que contribuye a alimentar la controversia.

Un golpe a la soberanía y a la estabilidad regional

Hasta la fecha, Somaliland es considerado por la mayoría de la comunidad internacional —incluidos los países árabes, la Unión Africana y la Organización de Cooperación Islámica— como parte integrante de Somalia. El reconocimiento israelí es percibido, por tanto, como una injerencia unilateral en los asuntos internos de Mogadiscio, susceptible de deteriorar las relaciones diplomáticas e intensificar las tensiones en el Cuerno de África.

El Cuerno de África y la región del mar Rojo son zonas altamente sensibles desde el punto de vista geopolítico y de seguridad. Esta decisión podría exacerbar tensiones ya existentes, en particular con grupos armados como al-Shabab, que podrían utilizarla como justificación para intensificar sus acciones.

Algunos países árabes y los palestinos interpretan la iniciativa israelí como parte de una estrategia regional más amplia. Rumores —no confirmados por fuentes oficiales— mencionan proyectos controvertidos de traslado de poblaciones palestinas hacia Somaliland, lo que alimenta la hostilidad hacia esta iniciativa.

Una condena ampliamente compartida

La decisión de Israel ha sido objeto de fuertes impugnaciones.

  • El Gobierno federal somalí denunció la medida como un acto ilegal, e incluso como un “ataque” a su soberanía, afirmando que Somaliland sigue siendo parte integrante de su territorio. El presidente somalí advirtió contra cualquier intento de exportar conflictos o de utilizar este reconocimiento para justificar un desplazamiento de poblaciones palestinas hacia el Cuerno de África.
  • En el mundo árabe, Arabia Saudí y otros países calificaron la decisión como una violación del derecho internacional y una amenaza para la estabilidad regional. La Liga Árabe, el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) y varios ministros de Asuntos Exteriores rechazaron el reconocimiento y reafirmaron su apoyo a la soberanía de Somalia. Egipto coordinó consultas con Somalia, Turquía y Yibuti para impugnar la decisión, considerándola un factor de inestabilidad regional. La Organización de Cooperación Islámica (OCI) publicó una declaración conjunta con más de veinte países —entre ellos Jordania, Egipto, Argelia, Pakistán, Omán y Arabia Saudí— denunciando el reconocimiento como un peligro para la paz y la seguridad internacionales. Catar se sumó a esta condena, calificando la decisión de carente de legitimidad internacional.
  • La Unión Europea reafirmó igualmente su apego a la integridad territorial de Somalia, subrayando que la estabilidad del Cuerno de África se basa en el respeto de las fronteras internacionalmente reconocidas.

Frente al reconocimiento de Somaliland por parte de Israel, el apoyo a la unidad de Somalia aparece, por tanto, relativamente sólido. Reúne a varios países de la región —Yibuti, Etiopía (prudente pero oficialmente favorable a la unidad), Kenia— así como a la Unión Africana, comprometida con el principio de la intangibilidad de las fronteras heredadas de la descolonización. A este bloque se alinean casi unánimemente el mundo árabe y musulmán (Arabia Saudí, Egipto, Catar, Jordania, Argelia, Marruecos, Liga Árabe, OCI), por temor a precedentes separatistas y por desconfianza hacia la estrategia regional israelí. La ONU, fiel a su posición de facto, mantiene el no-reconocimiento de Somaliland en nombre de la estabilidad regional y del respeto del derecho internacional.

En medio de estas posiciones firmes, destaca la ambigüedad de varias grandes potencias. China y Rusia reafirman el principio de soberanía, pero se muestran prudentes y relativamente silenciosas para evitar repercusiones en el expediente ucraniano. Estados Unidos apoya oficialmente la unidad somalí, sin condenar frontalmente la decisión israelí, al tiempo que coopera de facto con Somaliland en los ámbitos de la seguridad y la lucha antiterrorista. El Reino Unido, por su parte, mantiene relaciones históricas con Somaliland sin reconocimiento oficial, pero preservando un diálogo discreto.

¿Por qué Israel reconoció a Somaliland?

Las motivaciones israelíes son ante todo geopolíticas. La posición estratégica de Somaliland en el mar Rojo y en el Cuerno de África constituye un elemento central. El territorio controla el puerto de Berbera, en el golfo de Adén, cerca del estrecho de Bab el-Mandeb, un paso marítimo vital para el comercio mundial y el acceso al canal de Suez.

Esta ubicación ofrece a Israel oportunidades de influencia geopolítica y de seguridad en una zona próxima a Yemen, donde siguen operando los rebeldes hutíes respaldados por Irán. Desde una doble perspectiva, permite a Tel Aviv reforzar sus capacidades de observación y de actuación en el mar Rojo y contrarrestar influencias regionales adversas, en particular iraníes y, en cierta medida, egipcias.

Israel ha presentado además este reconocimiento como coherente con el “espíritu de los Acuerdos de Abraham”, es decir, dentro de una dinámica de ampliación de la normalización y de diversificación de sus alianzas más allá de Oriente Medio, hacia África y las grandes rutas comerciales mundiales.

Somaliland, inmerso desde hace más de treinta años en una búsqueda de reconocimiento, ve en este gesto un primer paso decisivo hacia una legitimación internacional. Para Israel, se trata también de afirmar su peso diplomático y de otorgar a los Acuerdos de Abraham una dimensión estratégica que trascienda el ámbito regional inmediato.

Una decisión en el centro de la polémica

Desde el punto de vista jurídico, aceptar la decisión israelí implica una distorsión de una norma fundamental del derecho internacional, a saber, el principio de integridad territorial. Además, esta decisión se produce en una región frágil, con el riesgo de acentuar los desequilibrios geopolíticos y de alentar otros movimientos secesionistas.

No obstante, conviene recordar que un amplio consenso internacional no siempre ha acompañado el nacimiento de nuevos Estados: a menudo se ha construido de manera progresiva, mediante la adhesión de Estados que han acabado aceptando los hechos consumados.

Para las autoridades de Somaliland, el reconocimiento israelí se percibe como el inicio de un posible efecto dominó susceptible de abrir la vía a otros reconocimientos. Para Israel, los intereses siguen siendo la seguridad marítima, el acceso indirecto al mar Rojo, la influencia regional y el refuerzo de su posición frente a Irán y sus aliados.

Somaliland y otros casos de reconocimiento controvertido

Para comprender la raíz de la polémica y de las reacciones ambiguas, se imponen tres comparaciones: Kosovo, Taiwán y el Sáhara Occidental.

Kosovo, independiente desde 2008, ha sido reconocido por numerosos países occidentales, pero rechazado por Serbia, Rusia y otros Estados. Su reconocimiento sigue siendo profundamente político.
Taiwán funciona desde hace décadas como un Estado soberano, aunque es reconocido oficialmente por muy pocos países debido a la oposición china. La falta de reconocimiento no impide su existencia de facto.
El Sáhara Occidental (RASD), proclamado en 1976, goza de un reconocimiento parcial, pero sigue siendo objeto de un conflicto con Marruecos. También en este caso, el reconocimiento refleja más alianzas regionales que un consenso jurídico. Como en estos ejemplos, Somaliland se sitúa en el centro de una divergencia internacional donde priman los intereses políticos.

En el núcleo del debate se enfrentan, por un lado, el principio de integridad territorial, el temor a un precedente peligroso y la solidaridad regional; y por otro, la existencia de un Estado de facto estable desde hace décadas, la naturaleza esencialmente política del reconocimiento y un contexto fuertemente influido por el conflicto israelí-palestino.

Conclusión

En definitiva, numerosos Estados defienden la integridad territorial y la no injerencia, en coherencia con una lectura estricta del derecho internacional. Sin embargo, el reconocimiento de un Estado sigue siendo fundamentalmente un acto político. Comparada con los casos de Kosovo, Taiwán o el Sáhara Occidental, la situación de Somaliland demuestra que la práctica internacional se basa ante todo en relaciones de fuerza. Con este gesto, Israel obtiene una ventaja estratégica local, pero al precio de un aislamiento diplomático regional y de una fuerte tensión con el mundo árabe, africano y musulmán. Quedan dos constataciones claras: el Cuerno de África ha vuelto a convertirse en un escenario de rivalidades y el mar Rojo se consolida cada vez más como un eje estratégico central tanto de la geopolítica como del comercio internacional.

Foto. Multitudes se congregan alrededor del monumento a los caídos de Hargeisa mientras los somalilandeses celebran la decisión de Israel de reconocer su Estado el día de San Esteban. © FARHAN ALELI/AFP

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