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El muro olvidado que divide el Sáhara en dos desde 1987

Le Tribunal du Net (TDN) 09.10.2026 Elodie Traducido por: Jpic-jp.org

Después de la Gran Muralla China, es la obra defensiva más larga jamás construida por el ser humano. Siete millones de minas antipersona siguen enterradas bajo la arena, cuarenta años después del inicio de las obras. Pocos conocen su existencia y, sin embargo, divide literalmente en dos bandos enemigos un territorio de una extensión equivalente a la mitad de Francia.

Es una obra nacida de una guerra por un desierto. Todo comenzó con un enfrentamiento ocurrido cerca de Ouarkziz en 1980. Unas semanas después, Marruecos inició una obra gigantesca en el Sáhara Occidental, un territorio disputado desde la retirada española de 1975.

Rabat y Mauritania se habían repartido entonces la zona, sin tener en cuenta las reivindicaciones saharauis. Como en otros conflictos territoriales que se agravan, la respuesta militar terminó imponiéndose a la negociación.

Ante esta anexión, los saharauis fundaron en 1976 el Frente Polisario y proclamaron la República Árabe Saharaui Democrática. La guerra de guerrillas que siguió obligó al reino a cambiar de estrategia: en lugar de perseguir a un enemigo inasible en la inmensidad del desierto, resultaba más práctico bloquear una parte del territorio con un muro infranqueable.

Esta lógica de fortificación total recuerda otros episodios en los que los Estados han preferido levantar barreras físicas, de manera parecida a como algunos países imponen hoy estrictas restricciones a la circulación por razones estratégicas.

Seis segmentos, siete años de obras, una técnica ancestral reutilizada

La construcción no se realizó de un día para otro. Entre 1980 y 1987 se construyeron seis segmentos distintos, cada uno de los cuales extendía un poco más la línea de control marroquí.

El sexto y último tramo, terminado entre mayo y septiembre de 1985, se extiende a lo largo de 670 kilómetros, desde el suroeste de Amgala hasta el océano Atlántico. El tramo final, de 550 kilómetros de longitud, cerró el dispositivo en 1987 al llegar hasta Guerguerat.

Un detalle sorprende: la técnica de construcción de los terraplenes procedería de un método agrícola tradicional marroquí utilizado para proteger las palmeras de las inundaciones, rodeándolas de elevaciones de arena. Un saber campesino reutilizado a escala de todo un continente.

El resultado: entre 2.700 y 2.720 kilómetros de terraplenes, alambre de espino y trincheras, con una altura estimada de hasta tres metros en algunos puntos: un muro olvidado que divide el Sáhara en dos desde 1987. Estamos muy lejos de los simples acabados decorativos que revisten nuestros interiores: aquí, el terraplén tiene una función exclusivamente militar, concebida para durar décadas.

100.000 soldados, radares y un tercio del territorio todavía disputado

Este muro, denominado «Berm» por los especialistas, no es simplemente un montón de arena. Se trata de un sistema militar completo: terraplenes dispuestos en dos o tres líneas, campos de minas, búnkeres, posiciones de artillería y pistas de aviación, todo ello cubierto por una red de radares capaces de detectar un movimiento a varias decenas de kilómetros de distancia.

La vigilancia humana está a la altura de las dimensiones de la obra: unos 100.000 soldados marroquíes, una cifra que algunas fuentes elevan hasta los 120.000 efectivos movilizados de manera permanente.

El dispositivo cumplió su objetivo: desde comienzos de la década de 1990, Marruecos controla más de dos tercios del Sáhara Occidental. Un alto el fuego negociado bajo los auspicios de la ONU entró en vigor en 1991, poniendo fin a quince años de guerra abierta, antes de derrumbarse bruscamente en noviembre de 2020.

Pero el verdadero coste de este muro se sigue pagando hoy, lejos de los radares y de los soldados. Entre 1975 y 2013, al menos 2.500 personas murieron o resultaron heridas por minas y restos explosivos relacionados con el conflicto, de las cuales 151 fueron víctimas únicamente entre 1999 y 2008, según los datos recopilados por varios investigadores especializados. Las operaciones de desminado de la ONU, suspendidas después de la ruptura de 2020, no se reanudaron hasta mayo de 2023 al este del muro y posteriormente, en enero de 2024, en el lado sur, un calendario que contrasta con unas cifras oficiales que a menudo son cuestionadas sobre el terreno.

Siete millones de minas para un muro que la mayoría nunca ha visto en un mapa: ese es el precio silencioso de una frontera trazada en la arena en plena Guerra Fría. El desierto continúa avanzando sobre las trincheras, pero las minas no desaparecen.

Ver: 2 700 km de sable et 7 millions de mines : le mur oublié qui coupe le Sahara en deux depuis 1987

 

 

 

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